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Manolito Simonet y su Trabuco

   
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CUBADISCO
 


 
     
  Por Ada Oviedo

Cuando talento musical y sensibilidad se unen, con seguridad la calidad del producto artístico está garantizada; de esta afirmación pueden dar fe los miles y miles de bailadores de Cuba y el mundo que siguen la música de este joven compositor, pianista y orquestador, quien desde hace una década perdió su verdadero nombre: Manuel Perfecto Simonet Pérez, por el de Manolito Simonet.

Sus inicios en la música se remontan unos años atrás, cuando en su natal Camagüey se integra al Movimiento de Artistas Aficionados, incorporándose profesionalmente en 1983 al grupo Lágrimas Negras como tresero y pianista. También formó parte de otras agrupaciones, entre ellas, Inspiración (actual Tínima) y Senén Suárez.

Pero es sin dudas su labor como director y arreglista durante siete años en la orquesta Maravillas de Florida, la etapa que influyó de forma decisiva en su posterior proyección artística, período en el cual también tuvo un activo trabajo discográfico del que dejó grabado cuatro discos y una amplia presencia en la radiodifusión nacional con títulos como Y ya para qué y Soy el negro.

Con la experiencia acumulada en esos años decide en 1993 organizar su propia orquesta y así nace, para bien de los bailadores y la música popular cubana, el 25 de febrero de ese año, Manolito Simonet y su Trabuco, en una memorable presentación en el Salón Rosado Benny Moré, de los Jardines de la Tropical, la meca del baile popular cubano, un reto para cualquier orquesta que allí se presente y más aún para una naciente agrupación que además compartió el escenario con la legendaria orquesta Los Van Van, obteniendo un rotundo éxito.

Con el objetivo fundamental de mantener la vigencia de las raíces más autóctonas de la música tradicional cubana, pero con armonías y timbres contemporáneos, Manolito organiza un formato instrumental donde flauta, violines y violoncello, instrumentos distintivos de las charangas, se unen con trompetas y trombones propios de la jazzband. Dicho formato lo ha ido modificando de acuerdo a las necesidades e inquietudes musicales, siempre en la búsqueda de mejores posibilidades tímbricas y armónicas, como la incorporación de la batería y un segundo trombón, que le permiten igualmente la experimentación con otros géneros hasta alcanzar el sello propio que los identifica dentro del amplio y complejo panorama de la música popular bailable actual.

Exponente pues de un novedoso estilo que recorre nuestros más variados géneros, desde el son y la guaracha hasta el bolero, impregnados con las sonoridades y elementos estilísticos de otras especies genéricas que no le son ajenas, como el jazz y el rock y otros de origen caribeño y latinoamericano. En esa mezcla encontramos lo diverso de la resultante tímbrico-sonora de esta orquesta que tanto agrada al bailador.

A esta rápida comunicación con el público han contribuido también sus textos. Manolito le otorga a las letras de sus obras el tratamiento justo que deben tener en la música bailable, donde texto y música se complementan sin hacer concesiones a lo vulgar y chabacano. Sus temas se nutren de vivencias y personajes de nuestra realidad cotidiana en los que se recrean las relaciones amorosas (Tú me recordarás), otras con un toque humorístico (Caballo grande ande o no ande, La boda de Belén), siempre en la búsqueda de una poética donde se identifique la naturaleza del cubano.

La pianística de Simonet, heredera de los grandes creadores del piano sonero cubano: Rubén González, Luis (Lilí) Martínez Griñán, Pedro Jústiz (Peruchín), Joseíto González, entre otros, logra dar una respuesta contemporánea -sin perder la más auténtica cubanía en sus descargas y tumbaos- que le ha permitido enfrentar todas las modalidades dentro de la música popular cubana.

Es de destacar las variantes y posibilidades expresivas que incorpora a su quehacer, desde la cadencia y contrapunteo rítmico-melódico del son, principal fuente de donde parte su obra, hasta los códigos armónicos contemporáneos, siempre en función de la música cubana, con explosividad y virtuosismo en un lenguaje sin límites, que demuestran la integralidad de su propuesta y la versatilidad que lo caracteriza.

Así, desde el primer año de fundada la orquesta, Manolito incorpora varias de sus composiciones a la lista de éxitos de los principales programas de la radio y la televisión cubanas. El programa Mi Salsa fue un espacio idóneo que puso a prueba su calidad y fue abriendo el camino de la popularidad entre los bailadores, quienes fijaron su atención en esta nueva agrupación, lo cual le valió la condición de Orquesta Novel del año 1994.

Otra prueba que pasaron con gran éxito fue su primera confrontación internacional como integrantes de la delegación Cuba le canta a Cartagena, la que se extendió a cuatro meses de una estancia inicial de quince días, dada la gran aceptación de público y crítica, en la que compartieron con importantes intérpretes de la música latinoamericana.

Luego de esta experiencia, las actuaciones internacionales se han visto multiplicadas a lo largo de estos diez años de intenso trabajo; públicos de latitudes y culturas tan diversas como Dinamarca, España, Irlanda, Estados Unidos, gran parte de Latinoamérica, entre otros, han disfrutado igualmente con su música y recibido numerosos reconocimientos, como el haber sido seleccionados la agrupación más popular por dos años consecutivos (1998-1999) en Perú, lo que les permitió abrir y clausurar la importante Feria Internacional que organiza este país, la invitación al gran espectáculo Despedida del Milenio en New York, la actuación en el Festival Sol Latino y en los fabulosos Carnavales de Tenerife.

El mundo de la discografía le ha proporcionado también a Manolito Simonet y su Trabuco grandes satisfacciones.

Su primer CD, Directo al corazón (EGREM, 1995) constituyó una magnífica apertura que logró establecer una espontánea comunicación con el bailador, con títulos como Que te vaya bonito y Después de ti.

Contra todos los pronósticos (Eurotropical, 1997) hizo gala de su nombre cuando varios de sus títulos llegaron a niveles insospechados de popularidad como La parranda -de José Valladares, autor de presencia notable en el repertorio del Trabuco-, la que se mantuvo por más de dieciocho semanas entre los hits nacionales, y El águila, obra con la que Manolito logró el premio ASCAP de los Estados Unidos (equivalente a los Grammy), que se otorga a los compositores, en la categoría Música Tropical, lo que significó una amplia difusión de su obra a escala internacional.

Marcando la distancia (Eurotropical, 1999), fue premiado en la categoría de Música Bailable Actual en CUBADISCO 99, del cual fueron muy difundidos los títulos Llegó la música cubana y el que da nombre al CD. A partir de este, Manolito «marcó» su presencia también en todos los CUBADISCOS, hasta hoy.

Con los CD Para que baile Cuba (Eurotropical, 2000) y el más reciente, Se rompieron los termómetros (Eurotropical), este último Premio CUBADISCO 2003 en Música Bailable Actual y nominado en la misma edición en la categoría de Grabación, mantienen en ascenso el sabor y la cubanía.

En Se rompieron... se destaca la madurez en la concepción armónica y rítmica de sus orquestaciones, en las que reafirma su capacidad de fijar los límites en la fusión de elementos melorrítmicos de diversas especies genéricas y mantener la autenticidad del producto musical.

Este disco es un buen ejemplo de que el tradicional chachachá, que revolucionó los años 50 de la música popular cubana, se dinamiza en una lograda interacción de códigos estilísticos que van del son al jazz, del bolero al rock, con un sabor que ni la propia Engañadora vacilaría en bailarlo.

A esto se suma el tratamiento vocal, otro elemento distintivo de la orquesta, con Sixto Llorente (El Indio), de amplio registro que le permite incursionar con igual acierto en un guaguancó, bolero, son o guaracha; el juvenil Ricardo Amaray, otro de los puntales en la composición, con obras que han sido éxitos en la orquesta (Saliditas contigo, Tú me dijiste mentiras) y uno de los triunfadores del popular espacio televisivo Buscando el Sonero, Carlos Manuel Calunga, quien hace gala
de sus raíces.

En su discografía podemos apreciar también estas interinfluencias genéricas en las versiones de obras antológicas del repertorio tradicional cubano, otra de las vertientes que lo distingue, por el fiel manejo de la atmósfera original de cada obra, en las que tradición y modernidad se complementan. Ejemplo son los títulos Que se fuña, de «Lilí» Martínez; Sí, envidia, danzón-chá de Rafael Lay; El paso de Encarnación, de Pedro Aranzola; La rosa oriental, de Ramón Espígul, por solo citar algunos de los más difundidos.

A toda esta labor de Manolito como pianista, compositor, orquestador y director de orquesta se suma la importante y especializada función de productor musical.

Son varios los discos de intérpretes y agrupaciones que han contado con sus propuestas renovadoras e ingenio musical: Orquesta Ritmo Oriental, Nuevas Estrellas de Areíto, Virginia Iznaga, Yamila y su Charanga, así como de sellos discográficos en Francia, Surinam y Perú.

No es de extrañar entonces su presencia en este Feria CUBADISCO con dos nominaciones como productor del CD Esto si se llama querer, del sello UNICORNIO, en las categorías Antología de Versiones y Música Popular Tradicional.

Es este un merecido homenaje al gran músico cubano Luis «Lilí» Martínez Griñán, en el que reunió una excelente representación de instrumentistas y cantantes, entre ellos el propio Manolito, Miguel Angel de Armas, Basilio Márquez, Elpidio Chapottín, Julito Padrón, Mayito Rivera, Paulito FG, Issac Delgado, Sixto Llorente (El Indio), Pedro Lugo Martínez (El Nene), José Hernández (Laíto) y un veterano y carismático sonero: Ignacio Carrillo (Mazacote).

La creación de Manolito, su agudeza y sensibilidad para llegar directo al corazón del bailador, es un ejemplo de cómo universalizar el arte cuando este se basa en las más auténticas raíces de la creación popular.

Qué más le podemos pedir a Manolito tras diez años con su Trabuco: pues que siga «disparando» música cubana de la buena y, contra todos los pronósticos, se mantenga rompiendo los termómetros del sabor, el talento y la cubanía.

 
   

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