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DAVID
BLANCO
BISMUSIC
Por Joaquín Borges-Triana
Si
bien en Cuba ha tenido una limitada incidencia hasta el presente,
hay que empezar a prestar atención a un fenómeno que
alcanza ya una repercusión mundial. Trátase de todo
lo concerniente a la música electrónica y sus disímiles
variantes. Para una gran cantidad de sus partidarios, la cultura
dance o clubbing (fundamentada en la música electrónica)
viene a ser una escapatoria frente a la reglamentación de
la vida moderna, un retorno a una utopía preindustrial.
Nadie puede sustraerse a esta realidad: desde comienzos de la pasada
década, el mercado mundial de la música ha estado
orientado a que la gente baile, quizás como en ningún
otro momento de la historia del arte de los sonidos ordenados. Lejos
han quedado los revoltosos y mitificados años sesenta, los
serios y convulsos setenta, y los nihilistas y esteticistas ochenta.
El último decenio del siglo XX y lo que ha transcurrido del
XXI, por lo que a música contemporánea se refiere,
está dominado en buena parte por géneros y estilos
que, en el mejor de los casos, permiten una sana desintoxicación
corporal no exenta de su correspondiente tabla de ejercicios mentales.
Las salas de baile y discotecas se repletan, los carnavales se convierten
en una fiesta dionisíaca de ritmo y carne. Lo cierto es que
la cultura del baile resulta un elemento íntimamente ligado
a la presente época.
Una de las recientes producciones discográficas cubanas,
el CD Tengo para dar, del vocalista y tecladista David Blanco, se
inscribe de una u otra manera dentro de la corriente antes apuntada.
En este disco, editado por el sello Bis Music, se verifica el mestizaje
musical que en la actualidad es aplicado por una ingente cantidad
de artistas, no sólo en Cuba sino en el mundo entero. Y es
que -como jamás había ocurrido antes- hoy los vasos
comunicantes entre las músicas de distintos continentes han
funcionado a todo tren y músicos de muy diversa procedencia
geográfica han sabido reciclar y mezclar influencias de
diferente sesgo en sus particulares batidoras estilísticas.
En gran medida, este fenómeno, en el que confluyen la dance
culture, la música étnica, los raves parties, el uso
(aplicado humana e inteligentemente) de la tecnología a la
música, o el macluhaniano concepto de la «aldea global»,
se pone de manifiesto en la ópera prima que aquí es
reseñada.
Al tratar de expresar la esencia del fonograma, en su nota de presentación
el crítico y difusor radial Guille Vilar afirma: «Son
las vibraciones de la capital tomada por la modernidad de una alegre
y sensual música bailable. Este logrado empeño de
David es una consecuencia de la continua fusión de la música
cubana con otros géneros, que para la ocasiónha sido
mezclada con la sonoridad internacional más en boga por estos
tiempos. Aquí los códigos del rap, del hip-hop y de
la tecnodisco están matizados por contagiosos ritmos caribeños,
pero con el predominio de esa cadencia propia del sabor criollo,
información genética que como músico cubano
lleva consigo este joven creador.
En este CD hay que resaltar el buen trabajo de la banda acompañante,
integrada por Isis Adriana Flores (voz segunda, teclados y coros),
Rodolfo ioFitols Torrente (guitarras eléctricas), Geosvany
González (bajos eléctricos de seis y cinco cuerdas),
Emilio Veitía (drums, timbales y tambor batá, «okonkolo»),
Luis Durán (programación, grabación digital
y voz rap en Siénteme), Ricardo y Felipe Amézaga,
«los jimaguas» (coros y rap). En especial, a lo largo
de Tengo para dar se destaca la labor guitarrística de Fito,
quien ha devenido un instrumentista con mucho feeling en sus solos.
El desprejuicio de que hace gala toda la producción (en
lo fundamental, a cargo de Emilio Vega) se percibe en cortes como
En un solo pie (tema bailable con tumbao cubano), Tengo para dar
(chachachá ligado con rock) o Unos quieren llegar primero
(reggae mezclado con aires salseros). Otro tanto pudiera decirse
de piezas como Habanero soy y El pastel, en las que el lenguaje
pop se une al contratiempo y la síncopa de nuestra música,
como elementos que definen un estilo. Empero, el perseguir un sello
en el que lo nacional esté presente, no limita a David Blanco
a una cerrada concepción de la cubanía y por eso echa
mano a las influencias de la música electrónica y
del tecno en A tu manera no o realiza hermosas baladas como Save
me again, Donde más me duele (para mí lo mejor del
álbum) y En el borde de un beso, esta última interpretada
a dúo con la excelente cantante y también tecladista
Isis Flores.
Quien se interese por materiales que apuesten por una hibridación
total, pero eso sí: hechos con el claro objetivo de vender,
y en los que el sesgo predominante resulte una mixtura musical donde,
como sucede en este CD, el rock and roll, el pop, la salsa, el rap,
el guaguancó, la balada a lo Fito Páez, el reggae,
la guitarra flamenca, el chachachá, el son, la gaita, la
herencia latina de Maná y hasta incluso, el producto comercial
Ricky Martin son fusionados coherentemente, de seguro encontrará
en el álbum de David Blanco una propuesta que no le defraudará.
Como asegura mi buen amigo Guille Vilar: «La presencia de
Tengo para dar simboliza la temprana evocación de uno de
los caminos a recorrer en el nuevo siglo, con la certeza de que
la música concebida para divertirnos, también puede
reunir los imprescindibles valores de creatividad, originalidad
y autenticidad, como lo ha patentizado David Blanco en su ópera
prima.»
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