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Nunca
es tarde si la dicha llega
Por Neris González Bello
Si a finales del año 2000 la noticia que anunciaba la separación
de Pedrito Calvo de Los Van Van consternaba a grandes sectores del
público seguidores de la emblemática orquesta, meses
después la salida de César Pupy Pedroso alarmaría
mucho más, fundamentalmente a los entendidos en la materia,
quienes sabíamos el papel esencial que el instrumentista
había desempeñado en ella desde sus inicios y los
numerosos aportes que el mismo había brindado a favor de
la consolidación de un estilo propio y único en la
galardonada agrupación. El pueblo se hacía eco de
dos interrogantes: ¿podrían Juan Formell y su grupo
continuar sin su pianista de siempre con igual calidad y sin dañar
el sello identitario que los había caracterizado?, y, por
otra parte, ¿lograría Pupy asegurarse un futuro en
la urdimbre musical cubana de estos tiempos, más allá
de ese espacio común en el que terminan quedando muchos de
los que hoy se aventuran a construir su propio camino en el ámbito
musical? Muy pronto comenzaron a darse las señales de recuperación
de Los Van Van, más o menos diferentes, pero sin dudas dignos
del lugar que han ocupado en el contexto de lo popular bailable.
Faltaba entonces seguir las huellas de Pedroso y encontrar una respuesta
al cuestionamiento que sobre su destino se suscitaba. Indiscutiblemente,
es el tiempo transcurrido hasta hoy y los bailadores, por supuesto,
quienes han dado la última palabra.
César Pedroso ya había asegurado su trascendencia
en la historia musical cubana como pianista, arreglista y compositor
de la legendaria charanga durante treinta y dos años, período
en el que devino responsable de varios números de éxito
determinantes en la trayectoria de la orquesta. Había incluso
participado con ellos en la grabación del disco ¡Llegó
Van Van!, que obtuviera el Grammy 2000. Pero para quien es un incansable
buscador de nuevas ideas y un constante compositor por condición
natural, todo ello no era suficiente. Seguía necesitando
algo, ese lugar único en el cual pudiera perpetuar las obras
que muchas veces quedaban paralizadas en el proceso de creación,
reducidas al espacio de su mente, hasta que sucumbió a la
tentación de tener su propia agrupación y emprendió
el proyecto, para reafirmar también su nombre en la historia
como director de orquesta de música popular.
Así surgen Los que son son, quienes hacen su debut en Güines
el 4 de octubre de 2001. Son el fruto de la madurez creativa de
su director, y de un prudente período de análisis,
búsqueda y experimentación, canalizado en tres discos
con temas de su autoría que se realizaron siendo aún
miembro de la tropa de Formell. Fruta prohibida –Caribe Productions
1995- luego titulado Lo mejor de César Pedroso cuando adquiere
la licencia Qbadisc, De La Timba a Pogolotti –Timba Productions,
1999- y Los que son son –del mismo sello discográfico,
2000-, constituyen la antesala de esta novedosa propuesta. La mayoría
de los temas que engrosan los dos primeros fonogramas fueron éxitos
en Cuba y el resto del mundo, pero se hacía difícil
dilucidar hasta qué punto mediaba en ello la interpretación
de Los Van Van –que ya los había popularizado anteriormente-
o de las figuras establecidas que participaron en dichas grabaciones.
Fue el tercero de la lista, compuesto por piezas completamente inéditas
que aún así lograron la «pegada» en el
gusto de los bailadores, el que determinó la decisión
de Pedroso de asumir la creación de su propia orquesta, que
a la vez tomó su nombre de dicho fonograma.
Para la conformación del proyecto acudieron músicos
que aún cursan estudios académicos en el Instituto
Superior de Arte y otros provenientes de las más disímiles
agrupaciones. Integrado por jóvenes en su mayoría
-talentosos, pero aún no reconocidos en algunos de los casos-,
el grupo contó desde el inicio con el apoyo incondicional
del percusionista José Luis Quintana Changuito -hoy determinante
en el estilo de la orquesta-, quien ha devenido asesor fundamental
y fuente de inspiración de toda la base rítmica de
los temas, a la vez que intérprete invitado en incontables
ocasiones. En otro orden de cosas, ha sido valiosa también
la ayuda de Jesús «Chucho» Valdés.
Amante de la sonoridad del conjunto y a la vez permeado durante
tantos años de la resultante propia de la charanga -aunque
con renovaciones considerables-, Pupy concibe su orquesta sobre
la base de la fusión de varios formatos instrumentales, en
una síntesis o concreción sonora de la música
popular cubana: mantiene el violín y las pailas de la charanga,
incorpora las trompetas con tratamiento de conjunto, cuya función
se desdobla, por una parte, en una realización estrictamente
melódica, libre o improvisatoria, al mejor estilo sonero;
y por otra, en la explotación de los registros agudos, con
desempeños rítmicos e incisivos más cercanos
a la timba, que actúan en favor de una resultante agresiva
en determinadas secciones dentro del montuno. Asimismo, utiliza
los trombones característicos de las modalidades derivadas
de la jazz band, que le llegan más de cerca a través
de las combinaciones sui géneris de la agrupación
de Formell.
En el concepto orquestal de Pedroso se establecen mezclas y doblajes
interesantes de distintos instrumentos, entre las que priman las
cuidadosas interrelaciones del teclado con violín, o de este
último con las trompetas, que caracterizan un número
significativo de sus piezas, fundamentalmente en los fragmentos
introductorios. En ellos se destaca también en un segundo
plano la realización responsorial de los trombones, el soporte
por colchones armónicos del teclado, el tumbao particular
del piano y un fuerte reforzamiento de la sección percusiva.
Este último se logra a partir de la inclusión simultánea
en el grupo del timbal cubano, tumbadoras, batería y güiro,
con el apoyo efectista del pad de percusión. Todo ello, sumado
a la ejecución por Changuito de una paila más en los
momentos en que funge como invitado de la orquesta en grabaciones
o escenarios, conforman una sólida base rítmica en
cuyo resultado, repito, es esencial la asesoría del percusionista
de marras, en una suerte de rescate y revitalización delsongo
más tradicional desarrollado por él en la década
de los 80, durante su tránsito por Los Van Van, a lo que
Pupy prefiere denominar intuitivamente chango-son, aludiendo a la
base genérica que ineludiblemente sustenta sus creaciones.
Es este quizás uno de los mejores aciertos de Pedroso. Genéricamente,
su obra es el resultado de un interesante flujo o circulación
de elementos tomados en primera instancia del son -como modelo de
base- de lo que sirven como ejemplos los temas El vecino se mudó,
El gato amaga y no araña, Te molesta que sea feliz y Juégala.
En igual jerarquía se parte del songo en su forma más
original, como se aprecia en El pregonero, Mamita, pórtate
bien o La voluminosa -que han constituido un boom de la popularidad-,
en ocasiones en su variante caribeña más cercana al
merensongo, tal y como sucede en Las mujeres son y Vamos a gozar
hasta afuera. Pero tales rasgos, es válido significar, son
asumidos con una concepción contemporánea que establece
determinadas conexiones con la timba y reestructurados por el compositor
con un sentido propio. Dialogan también en el evento sonoro
ciertas alusiones o referencias rítmico-melódicas
a toques y cantos afrocubanos, en determinados bloques de la percusión,
coros e improvisaciones de los solistas.
Indudablemente, entre las mejores adquisiciones del director están
también los cantantes: Armando Mandy Cantero, Tirson Duarte
Lescay y José Pepito Gómez, quienes hacen gala de
una excelencia interpretativa en escena que, a mi juicio, determina
en buena medida el éxito de la orquesta y de algunas obras
incluidas en su repertorio. Juntos conforman un sólido equipo
que se destaca por la clara dicción del texto que expresan
y el alto nivel de realización en las improvisaciones, bien
complejas en la conformación de sus intervalos, todo lo cual
enriquece la línea melódica de las obras. Los tres
son herederos de una clara estirpe sonera, con los matices específicos
de cada estilo individual.
Así, Mandy es portador de un timbre muy brillante, propicio
para el desempeño de todo tipo de canciones, y quizás
el que más empleo hace del recurso intuitivo de la intertextualidad,
en un manejo ingenioso de fragmentos-citas del catálogo popular
cubano e internacional, que aportan mayor dinamismo e interés
al tema de que se trate. Tirson, por su parte, alcanza los registros
más graves, con ciertas incidencias rumberas y folklóricas
que recuerdan en algún modo al estilo de Mayito, vocalista
de Los Van Van, pero cuya musicalidad lo ha conducido por derroteros
propios que marcan pautas en Los que son son. Hay en él también
una huella rapera que conecta en determinados momentos sus interpretaciones
a la timba, sobre todo en la elaboración de guías
para nuevos estribillos. Pepito, con un timbre medio entre el resto
de los solistas, sobresale por su excelente afinación y sus
amplias flexibilidades vocales, y aún cuando sea quizás
el menos experimentado de la trilogía, también ha
sabido imponerse entre ellos.
No obstante, el elemento definitivo en la caracterización
del estilo de la orquesta radica en la manera singular de concebir
los tumbaos el pianista y director del grupo, modo de hacer que
en mucho debe al estilo de su padre, César Pedroso Nené,
y que desde siempre lo ha distinguido entre sus congéneres
contemporáneos. La clave de su ingenio consiste en concretar
una efectiva combinación de las dos manos en sentido contrario
con el empleo de figuras de notas de menor valor, para subdividir
los tiempos largos del compás, que en tal sentido «llenan»
más la frase musical, a la vez que ofrecen una resultante
sonora compacta; y en la elaboración de acordes disueltos,
arpegiados y a la vez contrapunteados. La circularidad del tumbao
contra-acentuado que se deriva de esta realización sui géneris
ha servido como modelo a numerosos pianistas que han ido apareciendo
en diferentes etapas, y ha devenido rasgo particularizador de la
timba cubana.
Morfológicamente, se aprecia una combinación de dos
tipos estructurales bien diferenciados. Por una parte, se mantienen
los rasgos tradicionales del género sonero –con las
secciones habituales de introducción, exposición o
cuerpo del número y montuno- y por otra, se hace visible
el principio rondal, propiciado por la realización responsorial
solista-coro durante toda la pieza, que ya ha sido asumida con anterioridad
por otras orquestas. En el primero de los casos se inscriben la
mayoría de los temas, y aunque se respetan los patrones clásicos
del son, es posible encontrar claras incidencias timberas a partir
de la inclusión en el montuno de las secciones «bomba»,
«masacote» o «picadillo», denominadas así
por los músicos, en las que se alcanza el momento climático
de algunas obras. Otras, como Mamita, pórtate bien, Las mujeres
son y Qué cosas tiene la vida, evidencian el tratamiento
rondal.
Desde el punto de vista de los textos, el repertorio de Los que
son son incluye piezas dedicadas a la relación amorosa y
a la mujer como figura principal dentro de ella. En este sentido
se destaca la obra titulada La voluminosa, en una especie de recontextualización
de La engañadora de Enrique Jorrín, sobre todo en
el estribillo «tenía relleno y por eso estaba tan bueno»,
que alude a las cualidades físicas de una voluminosa mujer.
Igualmente se abordan con frecuencia temáticas de contenido
social, en las que prima la caracterización de personajes
tipos del contexto cubano, como el alardoso, el chismoso, el pregonero,
entre otros, con un sentido humorístico y un modo de acercamiento
filosófico-popular. Asimismo, en Juégala se realiza
un homenaje a los cultores del género sonero consagrados
por la historia, y en especial al padre de César Pedroso.
Por otra parte, Pupy se ha propuesto rescatar temas de su autoría
compuestos para Los Van Van, que constituyeron verdaderos éxitos
de la popularidad, y que en determinadas ocasiones quizás
no fueron lo suficientemente expuestos en público por la
orquesta. Algunos, como La bomba soy yo, Qué cosas tiene
la vida y Hoy se cumplen seis semanas, ya están incluidos
en el catálogo del nuevo proyecto, mientras Azúcar
y Ni bombones ni caramelos se encuentran en los planes futuros de
la agrupación.
Es meritorio en su estilo el esmerado cuidado del léxico
utilizado, que no por ello deja de ser en ningún momento
popular, no solo en el cuerpo principal del texto -por lo general
de larga extensión-, sino también en las improvisaciones
de los solistas. Es significativa también la presencia de
un amplio número de estribillos distintos ingeniosamente
concebidos, en una coherente concatenación, en los que se
hace palpable el acortamiento gradual de la letra, para dejar solo
su contenido esencial, rasgo que caracteriza una buena parte de
las creaciones de la música popular cubana. Especial atención
merece el trabajo interesante de los coros, realizados a varias
voces, a partir de complejos presupuestos rítmicos y melódicos,
que representan una de las tantas atracciones de la orquesta, y
cuya elaboración se debe al ingenio de Tirson Duarte Lescay.
Con solo un año y medio de fundados, Los que son son ya
tiene un cuantioso número de seguidores que valoran la calidad
de la propuesta en su justa medida. Junto a exitosas presentaciones
en el extranjero, han realizado otras actuaciones en escenarios
nacionales, donde se han dado a conocer para el público cubano,
su preferido, y han ido conquistando el gusto popular.
Recientemente comenzó a comercializarse en nuestro mercado
el primer disco de la orquesta Œrealizado con la producción
de la EGREMŒ, titulado Qué cosas tiene la vida, y en
el que se incluyen piezas del fonograma anterior, interpretadas
esta vez por los verdaderos protagonistas de esta historia, y otras
nuevas, todas compuestas por Pupy Tiene en planes abrir el diapasón
autoral en futuras ocasiones, con temas de sus cantantes, que también
incursionan en la práctica creativa, así como la versión
de una obra de Benny Moré con el ritmo batanga y arreglos
de Changuito, para la que piensa invitar a Chucho Valdés.
Pero más que nada, se propone conquistar un lugar en la preferencia
de los bailadores, a la vez que aprende cómo y cuándo
trabajar para hacer perdurable lo que genera. Los que son son transitan
por la urdimbre musical cubana cada vez más confiados de
sí mismos y seguros de lo que pueden provocar, valientes
y a la vez conscientes de que, como el mismo Pupy expresa, «nunca
es tarde si la dicha llega»
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