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La Rumba de Pío, la Rumba de todos
Por Yianela Pérez
Hablar de Pío Leiva, «el montunero de Cuba»,
es acercarse a lo más genuino de la música cubana
desde uno de sus más acredita dos representantes. Muchos
años de vida musical ininterrumpida avalan el resultado final
de Esta es mi rumba, propuesta discográfica del sello Unicornio.
La rumba, o mejor, la fiesta, la buena música cubana, se
nos presentan en una exquisita conexión del ayer con el hoy,
de lo tradicional con las más contemporáneas sonoridades
de fusión y proyección virtuosista. Nos encontramos
ante un producto
de excelente factura: la selección musical, la producción
y el diseño, todo en concordancia con la calidad y profesionalismo
que suelen demostrar los ingenieros y técnicos del sello
Unicornio.
Esta es mi rumba es un fonograma dirigido a todo tipo de público.
Su propuesta es polivalente, y puede satisfacer al escucha o bailador
más censor: al cubano que disfrutó años atrás
con el Pío en sus presentaciones acompañado de figuras
como el Niño Rivera o Bebo Valdés, al joven músico
que busca eficaces procedimientos composicionales o interpretativos,
al más ávido consumidor de la música cubana.
Comienza la rumba con un tema antológico popularizado por
Pío Leiva en la década del cincuenta, Anabacoa, en
un arreglo del saxofonista, compositor y productor musical Germán
Velazco. El constante rejuego entre el son montuno -con total sencillez
compositiva y un tratamiento tradicional de la cuerda de metales-,
la polirritmia contra-acentuada en la base rítmico-armónica
y los elementos jazzísticos, caracterizan éste y el
resto de los temas pasados por el filtro del talento de Germán.
En los temas Arroya, cubano, Yo no soy mentiroso, Esta es mi rumba,
Oye como suena, Buche y pluma y Repeché, -con la firma de
autores como Ignacio Piñeiro, el propio Germán Velazco,
Rafael Hernández, Israel Castellanos y Pío Leiva-
se conjugan simples estructuras soneras con recursos composicionales
de charanga y jazz band.
Esta es mi rumba, tema que da nombre al disco, es una muestra de
la ductibilidad de este género de la música popular
cubana. Los cajones y las tumbadoras de la agrupación Clave
y Guaguancó, dialogan con las voces, el piano, el bajo y
los metales, en estrecha yuxtaposición de lo rumbero, el
son y el latin jazz. La música afroamericana se caracteriza
por su capacidad de emparentarse con manifestaciones con mayor o
menor grado de similitud. Las raíces comunes permiten entretejer
conexiones temáticas, estructurales e interpretativas, y
el resultado es de total coherencia artística. La incorporación
del piano acentúa la relación de carácter improvisador
entre la rumba y el jazz. Este instrumento funciona como contrapartida
al quinto, en una especie de columbia pianística. La cuarteta
soneada del texto se adecua al estilo narrativo de la rumba, cuando
Pío Leiva, acompañado solo por Clave y Guanguancó,
espacia el tiempo entre sus versos con esa extraordinaria versatilidad
que lo caracteriza. Y no podía faltar el masacote rumbero
y la bomba timbera –descendiente directa del montuno y la
rumba-, parte imprescindible ya en cualquier estilo interpretativo
de la música cubana.
Y precisamente enriquecen este disco diferentes estilos de realización
de la música nacional. Junto a los de Germán Velasco
encontramos arreglos del binomio Ignacio Esteban y Aimé Castro,
así como del excelente violinista Lázaro Dagoberto
González.
La china de la rumba, de Ciro Rodríguez Forneau, y El gallo
de Morón, de Pío Leiva Pascual y Pío Leiva
Jr., ambas interpretadas por el Septeto Nacional Ignacio Piñeiro,
cuentan con la visión tradicional de Esteban y Aime Castro.
La intención evidente de respetar la sonoridad montunera,
la guaracha y la décima, los dúos a voces, los solos
de trompeta en alternancia con el estribillo, están en total
empatía sonora con el timbre vocal de Pío. Los arreglos
de La china de la rumba y El gallo de Morón representan una
visión desde el presente del son montuno, variante sonera
que ha marcado la carrera artística de Pío Leiva desde
sus inicios, que le dio popularidad y le procuró el bien
ganado título de «Montunero de Cuba».
Sin limitaciones, Pío Leiva transita además por el
contemporáneo estilo charanga de Dagoberto González.
Desde el comienzo de Anita -de Compay Segundo y Lorenzo Hierrezuelo-
y Sutileza -de la autoría de Ignacio Piñeiro- se evidencia
la pluma de Dagoberto. Su violín, con su lirismo popular
acostumbrado, no se limita a simple colchón, por el contrario,
demuestra, en sus improvisaciones y en los mambos que protagoniza
con los metales, un total dominio de la escalística y la
armonía jazzística-popular. Sus arreglos se caracterizan
por cambios genéricos sutiles que no se alejan en ningún
momento del repertorio propio de la charanga danzonera.
Además de excelentes arreglistas, acompañan a Pío
Leiva en este disco interpretes de altos quilates. Son memorables
los dúos de El montunero, con cantantes de la talla de Compay
Segundo, Omara Portuondo, Teresa Caturla y Pedrito Calvo. Cada uno
de ellos historia viva, maestros indiscutibles, escuelas de múltiples
generaciones del presente y del futuro. La profesionalidad y el
humor guarachoso caracterizan estos dúos, que son ya eminentes
en
la discografía y la música nacional.
La pianística cubana difumina cada vez más los márgenes
entre lo popular y lo académico. El virtuosismo sin excesos
caracteriza los estilos interpretativos de Miguel Ángel de
Armas, Rolando Luna, Tony Pérez y Guillermo Rubalcaba, con
un marcado acento popular-profesional, que revela conocimiento y
maestría. Otros músicos representativos del panorama
musical y discográfico contemporáneo de nuestro país
conforman el elenco de este fonograma. A la limpieza interpretativa
de Andrés Cuayo en las pailas, se suman Tomás Ramos
Panga en las congas, Roberto Riverón y Jorge Reyes en el
bajo, así como excelentes saxofonistas, trombonistas y trompetistas,
la agrupación Clave y Guaguancó y el Septeto Nacional
Ignacio Piñeiro. Son muchos nombres imprescindibles de nuestro
ámbito musical, por lo que Esta es mi rumba, además
de un producto discográfico revelador, es un verdadero homenaje
a la
cultura cubana.
Versar sobre la música jamás sustituye al disfrute
de escucharla, mucho menos si se trata de la obra de Pío
Leiva, el fructífero y versátil cantor que nos guía
a través de los complejos y deleitosos caminos de la música
cubana. Su exquisita voz de ochenta y cuatro años y su talento,
han sido el leit motiv de esta rumba, que después de compartida
dejó de ser solo suya, porque esta es la fiesta, ¡la
rumba de todos!
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