z. La música afroamericana se caracteriza por su capacidad de emparentarse con manifestaciones con mayor o menor grado de similitud. Las raíces comunes permiten entretejer conexiones temáticas, estructurales e interpretativas, y el resultado es de total coherencia artística. La incorporación del piano acentúa la relación de carácter improvisador entre la rumba y el jazz. Este instrumento funciona como contrapartida al quinto, en una especie de columbia pianística. La cuarteta soneada del texto se adecua al estilo narrativo de la rumba, cuando Pío Leiva, acompañado solo por Clave y Guanguancó, espacia el tiempo entre sus versos con esa extraordinaria versatilidad que lo caracteriza. Y no podía faltar el masacote rumbero y la bomba timbera –descendiente directa del montuno y la rumba-, parte imprescindible ya en cualquier estilo interpretativo de la música cubana.

Y precisamente enriquecen este disco diferentes estilos de realización de la música nacional. Junto a los de Germán Velasco encontramos arreglos del binomio Ignacio Esteban y Aimé Castro, así como del excelente violinista Lázaro Dagoberto González.

La china de la rumba, de Ciro Rodríguez Forneau, y El gallo de Morón, de Pío Leiva Pascual y Pío Leiva Jr., ambas interpretadas por el Septeto Nacional Ignacio Piñeiro, cuentan con la visión tradicional de Esteban y Aime Castro. La intención evidente de respetar la sonoridad montunera, la guaracha y la décima, los dúos a voces, los solos de trompeta en alternancia con el estribillo, están en total empatía sonora con el timbre vocal de Pío. Los arreglos de La china de la rumba y El gallo de Morón representan una visión desde el presente del son montuno, variante sonera que ha marcado la carrera artística de Pío Leiva desde sus inicios, que le dio popularidad y le procuró el bien ganado título de «Montunero de Cuba».

Sin limitaciones, Pío Leiva transita además por el contemporáneo estilo charanga de Dagoberto González. Desde el comienzo de Anita -de Compay Segundo y Lorenzo Hierrezuelo- y Sutileza -de la autoría de Ignacio Piñeiro- se evidencia la pluma de Dagoberto. Su violín, con su lirismo popular acostumbrado, no se limita a simple colchón, por el contrario, demuestra, en sus improvisaciones y en los mambos que protagoniza con los metales, un total dominio de la escalística y la armonía jazzística-popular. Sus arreglos se caracterizan por cambios genéricos sutiles que no se alejan en ningún momento del repertorio propio de la charanga danzonera.

Además de excelentes arreglistas, acompañan a Pío Leiva en este disco interpretes de altos quilates. Son memorables los dúos de El montunero, con cantantes de la talla de Compay Segundo, Omara Portuondo, Teresa Caturla y Pedrito Calvo. Cada uno de ellos historia viva, maestros indiscutibles, escuelas de múltiples generaciones del presente y del futuro. La profesionalidad y el humor guarachoso caracterizan estos dúos, que son ya eminentes en
la discografía y la música nacional.

La pianística cubana difumina cada vez más los márgenes entre lo popular y lo académico. El virtuosismo sin excesos caracteriza los estilos interpretativos de Miguel Ángel de Armas, Rolando Luna, Tony Pérez y Guillermo Rubalcaba, con un marcado acento popular-profesional, que revela conocimiento y maestría. Otros músicos representativos del panorama musical y discográfico contemporáneo de nuestro país conforman el elenco de este fonograma. A la limpieza interpretativa de Andrés Cuayo en las pailas, se suman Tomás Ramos Panga en las congas, Roberto Riverón y Jorge Reyes en el bajo, así como excelentes saxofonistas, trombonistas y trompetistas, la agrupación Clave y Guaguancó y el Septeto Nacional Ignacio Piñeiro. Son muchos nombres imprescindibles de nuestro ámbito musical, por lo que Esta es mi rumba, además de un producto discográfico revelador, es un verdadero homenaje a la
cultura cubana.

Versar sobre la música jamás sustituye al disfrute de escucharla, mucho menos si se trata de la obra de Pío Leiva, el fructífero y versátil cantor que nos guía a través de los complejos y deleitosos caminos de la música cubana. Su exquisita voz de ochenta y cuatro años y su talento, han sido el leit motiv de esta rumba, que después de compartida dejó de ser solo suya, porque esta es la fiesta, ¡la rumba de todos!



     

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