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Ilumínanos siempre
Por Leticia Zamora
Ilumíname
trae consigo las luces nuevas del cantar de Liuba. Nominado en la
categoría cancio
nística, este disco, realizado el pasado año, muestra
excelentes resultados en el trabajo de Grabación realizado
por Orestes Aguila y en la producciónVmusical que corre a
cargo de la Arreglista, compositora y saxofonista Lucía Huergo.
Su trayectoria artística como compositora, intérprete
y guitarrista avala el sitio que ocupa dentro de la música
cubana actual. Activa participante en eventos nacionales e internacionales,
entre los que cabe destacar el Festival de la Canción Infantil
Cantándole al Sol, (La Habana, 1993), Festival Internacional
de Habaneras (La Habana, 1995), Festival del son cubano y el flamenco
(Sevilla, 1997), y merecedora de reconocimientos como el Premio
único que otorga el Museo Nacional de la Música en
el Festival de Habaneras, La Habana, 1997; Premio especial Disco
de música infantil CUBADISCO 98, La Habana, 1998, y recientemente
los Premios Lucas de video clips obtenidos en las últimas
ediciones, Liuba María Hevia se hace imprescindible a la
hora de abordar la cancionística cubana. Esto está
sustentado en el trabajo musical realizado desde los inicios de
su carrera con el grupo, lo cual evidencia no sólo a la mujer
como cimera en la creación musical nacional, sino también
el sello personalísimo a partir de la integración
de diversos elementos cultura les en un mismo proceso creador
Los versos del Indio Naborí resumen lo que expresa la cantautora
en sus trece temas: la presencia de «nuestra América
y España», que ya va siendo en su música una
constante. Lo tradicional campesino y lo trovadoresco están
presentes en el disco, puesto que nutren la esencia estilística
de Liuba, mas esta vez los conjuga con un nuevo elemento que añade
a esta producción musical: el aire flamenco, y sumado a éste
algunos ritmos y géneros de la música caribeña.
Ilumíname, -canción que abre- expone la totalidad
subjetiva que estará presente en el álbum. La relación
metafísica que entabla con la luz y los elementos de la naturaleza
nos llevan a pensar que el intimismo es la fuerza motriz de toda
esta producción musical. Los sueños, el dar, la infancia,
la voz en conjunción con el ser, la guitarra como protagonista
de su creación, son portadores del mundo interior de la autora,
que suma su talento y dulzura en un resultado de lirismo vocal,
instrumental y poético. Ello implica ante todo la estrecha
relación del texto y la música.
Esta última deviene soporte del mundo simbólico-expresivo
como resultado de los arreglos musicales, los cuales a pesar de
la variedad estilística de los músicos, logran un
ser estético análogo al de la cantautora. Lucía
Huergo (Ilumíname), Hernán López-Nussa (Alex),
X Alfonso (La voz), entre otros, orientan la instrumentación
en función del mensaje de la canción. Tal
es el caso de Corazón silvestre: el tratamiento del piano,
la guitarra, el cello, la flauta y la voz en la búsqueda
de sonoridades «suaves» y líricas (¿por
qué no?), representativo del trabajo musical de la cantautora.
La apropiación de géneros musicales latinoamericanos
y españoles no es una nueva propuesta, si bien es un fenómeno
cultural que cada vez toma más fuerza en nuestra música.
Pero en este caso, Liuba trae bajo el sedimento de nuestras raíces
temas como El aguacero, Algo, La brújula del destino, los
dos primeros temas referidos a la música bailable como el
vallenato y el merengue caribeño, respectivamente. En La
brújula del destino, la disposición de las franjas
tímbrico-armónicas Œlogradas por el coro y la
instrumentación típicaŒ, junto a las inflexiones
de la voz, alcanzan la recreación del canto y baile flamencos.
Todo ello es buen comienzo para afianzar esta propuesta ideoestética
y hacerla mucho más personal.
Como parte de la música, en este volumen se presentan sugestivos
recursos que apoyan las imágenes icónicas del texto,
detalles que hacen del trabajo musical un resultado mucho más
atrayente y de gran calidad estética. Ponemos por caso el
trabajo con los instrumentos de cuerda en temas como Naturaleza;
el tratamiento vocal en La voz e Ilumíname, ya no como mero
instrumento para decir, sino como alegoría a lo más
íntimo del ser; y el principio de intertextualidad evidente
en canciones como Alex y Memoria y testimonio. La primera -de la
autoría de José Ordaz e interpretada magistralmente
a solo voz y piano por Liuba y López-Nussa, respectivamente-,
sugiere melódicamente el tono barroco en una cuidadosa estilización,
y con este tema Liuba da un seguimiento al disco anterior en la
música infantil; a su vez Memorias... recrea entonaciones
ya tipificadas de Silvio Rodríguez ”La era está
pariendo un corazón” y Joan Manuel Serrat ŒPenélopeŒ,
en la evocación de un pasado nostálgico referido a
la infancia, personajes populares como el Caballero de París,
la tierra y a la vez un testimonio
fiel a su tiempo.
Este álbum goza además de un buen equilibrio entre
los temas, conformando las partes del todo en función de
la dramaturgia establecida a propósito de este legado: un
rayito en el rincón interior de cada cual. Podríamos
pensar de este álbum no el rompimiento con la expresión
siempre lírica, íntima; sencillamente la expansión
hacia fronteras intergenéricas de este gran espíritu
que es Iberoamérica. llumínanos tú, Liuba,
siempre...
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