X
ALFONSO
BIS MUSIC
Por Yey Díaz de Villalvilla
Qué
beneficioso para la audiencia cubana y extranjera que los jóvenes
músicos cubanos se pronuncien a favor de la diversidad y
que la industria los respalde. Tal es el caso de la compañía
disquera Bis Music, que en esta oportunidad lanza el CD Delirium
Tremens, de X Alfonso, a sabiendas de que no se ha generado un mercado
para el mismo, o para producciones de esa intención creativa.
Para nadie es un secreto que la música salsa producida en
Cuba a partir de la década del noventa experimentó
una «estampida discográfica» que, entre sus muchas
consecuencias, generó no solo el aumento de la demanda sino
también de la oferta musical. Ni positivo ni negativo, probablemente
ineludible. Por convicción o por necesidad, muchos se convirtieron
repentinamente en salseros. X Alfonso no.
En el patio se le conoció a través de Síntesis,
antológica agrupación y quizás la más
representativa del género fusión (rock-afro) en Cuba.
Esta referencia ha perfilado su trabajo, casi inevitablemente, sobre
la línea de la experimentación. Así lo evidencia
su labor de los últimos años, la que recorre con amplitud
populares géneros que van desde el bossa nova hasta el hip
hop.
Hoy nos presenta un CD que muestra una arista inexplorada en su
producción: la música incidental. En este género
tuvo antecedentes en creadores tan diversos como Edesio Alejandro
o Leo Brouwer y, sobre todo, en la música proveniente de
la filmografía. No obstante, será difícil hallar
un volumen que recoja las creaciones de estos autores y que, a su
vez, su contenido sea una obra de principio a fin y no fragmentos
que responden exclusivamente a la dramaturgia (aunque esto no niegue
la unidad o coherencia de los discursos; y aclaro que no es mi interés
profundizar ni enjuiciar a este respecto).
Pero sí, efectivamente: uno de los méritos fundamentales
de este disco es su exclusividad. La obra fue escrita para un montaje
danzario titulado Delirium, ejecutado por la Compañía
de Danza Contemporánea Pepe Hevia y estrenado el domingo
16 de marzo en el Teatro Nacional. Aunque el objetivo fundamental
de esta creación fue la puesta en escena, no cabe dudas de
que la obra fue pensada para ser escuchada. Estos aproximadamente
cincuenta minutos y medio de música transcurren como pequeñas
escenas y actos que se suceden ininterrumpidamente. Cada fragmento,
claramente diferenciable, nos conduce a un nuevo ambiente, a un
nuevo color y a una nueva factura musical.
Lo más novedoso en este disco es probablemente que X Alfonso
explota la sonoridad acústica, haciendo hincapié en
los instrumentos de cuerdas frotadas y los deteclado. Tradicional
por la selección del formato (violín, viola, cello),
pero no por ello necesariamente académico en su tratamiento.
No podría faltar lo afroide, traído no solo por la
presencia de instrumentos y toques de procedencia africana, sino
también por la marcada explotación del unísono
y los paralelismos melódicos y armónicos tan familiares
en ese estilo de música. Hallaremos también una pincelada
orientalista que se enmascara reciclada desde lo español.
Así, las tablas harán lo que bien podría hacer
un cajón, y los graves instrumentos de viento aparecen desplazando
al bajo en sus funciones (más armónicas que rítmicas)
y sobredimensionándolas hacia una inestabilidad deseada.
Otros resultados sonoros más electrónicos alcanzan
a X Alfonso como parte de su precedente experimental. Los mismos
incluyen desde las sonoridades ioconcretasl. (antecedente directo
de la música electroacústica) hasta otras bien contemporáneas
y que se focalizan en la experimentación tímbrica.
Estas técnicas lo conducen a la preferencia por la transformación
más que por el contraste rotundo.
Para subrayar esta intención, la construcción musical
está basada en un antiguorecurso proveniente de la composición
académica y de gran eficacia: el leit motiv, que en este
caso está constituido por un potente glissando que abre la
obra como un llamado y que reaparece, no siempre a las claras, durante
toda la pieza.
El aspecto danzario de esta música está centrado,
como es axiomático, en las pulsaciones y en la repetición.
Dichas características conducen a la obra, por consecuencia,
a un resultado minimalista. No el minimalismo como el estilo experimental
de los primeros años de los novecientos, sino como la técnica,
recurso este que le asiste desde la práctica que desarrolló
y potenció la música Dance, género que llega
a Cuba con las sonadas bandas de CMC Music Factori o Tecno Tronic
y que devino en música generalizada como Tecno.
Antes de finalizar no queríamos pasar por alto uno de los
resultados más agradecidos de este disco: el trabajo vocal
en las voces femeninas de Diana Fuentes, la cantaora Ginesa Ortega
y la masculina del propio X Alfonso. Esta labor muestra una clara
influencia del lenguaje coral contemporáneo e incluye desde
los recursos vocales de la música oriental -recuérdese
el vibrato microtonal-, técnicas de lo flamenco y recursos
de la más recia tradición vocal litúrgica.
Este fonograma se destaca por la intensidad de la interpretación
y por el carácter perfeccionista de su resultado. Diferente,
dramático y sobre todo extraordinario. X Moré -el
CD que le antecedió, Premio CUBADISCO 2003 en la categoría
Hip Hop Rap- ha sonado ya. Hagamos que Delirium Tremens, Premio
Banda Sonora en esta propia edición, también suene.
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