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¿Qué
le ofrece a la vanguardia juvenil la música de Caturla, Lecuona
y Borbolla?
De repente una estructura capaz de ponerle nuevos nexos al puente
pianístico de los siglos, en la que Ulises Hernández
«es una suerte de faro, siempre alertando al via- jero para
que llegue a buen puerto».
En este su tercer trabajo discográfico como solista vuelve
a salir airoso aunando personalidades que aparecían dispersas
por lejanías geográficas, no estilísticas.
Pacientemente, Ulises Hernández ha reciclado las composiciones
de Ernesto Lecuona, Alejandro García Caturla y Carlos Borbolla,
aportándoles sus evidencias y perspectivas, sutilezas y profundidad.
Por ejemplo, el mensaje musical del manzanillero Carlos Borbolla
había tardado 74 años en llegar al disco, pero ya
está aquí. En la versión de Ulises se aprecia
el vigor que lo distingue como una permanencia hecha con inteligencia
y calidad.
Su producción teórica, así como la casi totalidad
de su música se encuentran inéditas, por lo que este
registro constituye el primer reconocimiento artístico a
este imprescindible compositor.
¿Cómo suena lo que escribió Carlos Borbolla?
Aquí están, pues, sus primeras referencias.
Con Caturla (1906-1940) pasa otro tanto, En las siete piezas incluidas
las más conocidas son la Berceuse campesina y Mi mamá
no quiere que yo baile el son. Hasta hoy, son pocos los pianistas
cubanos que se han dedicado a interpretar las obras de Caturla,
a pesar de haber sido un multinstrumentista que estuvo y siempre
está en la punta de sus contemporáneos. Ulises recrea
la Berceuse en forma de Son que data de 1939 y en Mi mamá–
cuenta con la participación del percusionista Luis Bárbaro
Rodríguez García, quien asume con muy buen concepto
de artista acompañante la percusión de todo el disco.
En Caturla se hace notable la maestría con que se funden
en sus obras el son y el minué, el bolero y la pavana, la
comparsa y la giga, la guajira y el vals, el bembé y el poema
sinfónico, la rumba y la sonata, presentados en un lenguaje
donde se entrecruzan la tradición y el avantgarde. A esta
faceta se le comenzó a llamar en los años 70 música
de fusión.
A la vanguardia lo vuelven a colocar Ulises y Luis Bárbaro
con su visión bien transparente a través de sus ocurrentes
danzones, danzas y sones.
A Ernesto Lecuona (1895-1963) se le pueden atribuir muchos elogios:
fue un compositor lleno de romanticismo, elegancia, cubana y virtuosismo
claramente dotado en obras orquestales, para piano, zarzuelas, revistas
musicales y algo más.
De las obras seleccionadas por Ulises Hernández la más
conocida es La danza de los ñañigos, que tiene versiones
de Chucho Valdés con Irakere para las voces de Oscar Valdés,
Miriam Ramos, Omara Portuondo y Mayra Caridad Valdés.
En fecha reciente, Ramoncito Valle con su Quinteto de Jazz la incluyó
en el album Danza negra, dedicado a la música de tan insigne
maestro.
Lecuona fue de los primeros en utilizar el vocablo afrocubano como
término y como concepto y luego inspiró al binomio
Roldán Caturla en el desarrollo concreto de esta tendencia.
De hecho, Lecuona estuvo más cerca de los plantes de ñáñigos
de Guanabacoa (aunque no siempre vivió allí), de ahí
su recreación literaria y musical. Pero el dato le viene
desde la cuna.
Las otras tres danzas de Lecuona nos llegaron por otro gran investigador
y pianista, Huberal Herrera. Gracias a él, Ulises realiza
sus versiones partiendo de la grabación original y aportándole
su toque personalísimo. Sígalo atentamente en Como
baila el muñeco.
Este archivo cronológico repasa huella a huella los pasos
de Carlos Borbolla, su estancia en París, su regreso a Manzanillo,
su labor como constructor de órganos. Quizás esta
pasión le permitió acercar una vez más los
sen timientos entre lo bailable y lo que se debía hacer sonar
en las salas de concierto con los aires de identidad nacional.
Ulises Hernández ha tomado muy en serio su carrera como
profesor de piano, pero a él siempre le ha gustado aportar
algo más. Este es un disco que, de ponerse al gran público,
puede lograr una excelente acogida. De ahí la inminente necesidad
de difusión.
Pienso en Montuno son-montuno, donde sin dudas podrás hallar
nexos autorales entre la Berceuse campesina de Caturla y este rico
montuno de Carlos Borbolla, quien utiliza una
introducción del impresionismo francés y le propone
luego un tumbao caturliano para lograr un cierre bien festivo con
el track 24.
En El manisero, de Moisés Simons, utiliza una versión
a dos pianos realizada por Borbolla, como incentivo para nutrir
a sus alumnos con obras conocidas y trae como invitado a Ernán
López-Nussa, quien prefiere modulaciones armónicas
dentro del concepto de la música tradicional. Tocan el tema
a cuatro manos. Ernán hace un solo con el apoyo de Luis Bárbaro
en el bongó, bien creativo y con buen gusto, logrando un
paralelo entre la tradición jazzística cubana y la
americana.
«... la pianística es la esencia de una gran idea
orquestal. El principio siempre sale del piano, basado en una técnica
sólida de composición que al final lo propicia todo.
La orquestación tiene sus trucos y caminos establecidos,
pero también sale de estos aportes pianísticos, del
cual otros próceres como Esteban Salas y Amadeo Roldán
están en la avanzada de este movimiento...», -apunta
el saxofonista / pianista Orlando Sánchez luego de escuchar
este álbum durante varios días.
DanSoneo es un testimonio de la pasión de Ulises Hernández
por la música y los sacrificios que ella implica. Estas veinticuatro
piezas le llevaron años de estudios antes de alcanzar el
fin.
Con una buena presentación en las notas introductorias a
cargo del compositor y radiodifusor Juan Piñera, acerca del
intérprete y los autores, vamos descubriendo en perfecto
tejido los vínculos entre los tres compositores deseados,
de los que quizás sea Carlos Borbolla el que haya estado
más distante, en su natal Manzanillo, hasta llegar a La Habana
en 1950.
DanSoneo se significa por su lírica de constante belleza.
Posee un destino discográfico, a la postre didáctico,
si llega a manos de estudiantes y profesores, en el que el conocimiento
cotidiano e histórico de los autores seleccionados sea capaz
de romper a cada momento la lisura de lo cotidiano. DanSoneo especifica
las rutas de la globalización hacia el rescate de las más
dignas tradiciones pianísticas cubanas, salva del anonimato
a Borbolla y, sin prejuicios, lo pone a la altura que le corresponde,
a la vez que reinventa y actualiza las formas clásicas de
la danza y el son, en una perfecta metáfora para este joven
comienzo del Siglo XXI.
DanSoneo podrá jugar un papel decisivo en la memoria pianística
cubana si trae consigo una edición literaria de las piezas.
Transformemos la moda en arte, con la útil elevación
de tres semblanzas, que son, afortunadamente, perdurables.
Por Toni Basanta
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