y sones.

A Ernesto Lecuona (1895-1963) se le pueden atribuir muchos elogios: fue un compositor lleno de romanticismo, elegancia, cubana y virtuosismo claramente dotado en obras orquestales, para piano, zarzuelas, revistas musicales y algo más.

De las obras seleccionadas por Ulises Hernández la más conocida es La danza de los ñañigos, que tiene versiones de Chucho Valdés con Irakere para las voces de Oscar Valdés, Miriam Ramos, Omara Portuondo y Mayra Caridad Valdés.

En fecha reciente, Ramoncito Valle con su Quinteto de Jazz la incluyó en el album Danza negra, dedicado a la música de tan insigne maestro.

Lecuona fue de los primeros en utilizar el vocablo afrocubano como término y como concepto y luego inspiró al binomio Roldán Caturla en el desarrollo concreto de esta tendencia. De hecho, Lecuona estuvo más cerca de los plantes de ñáñigos de Guanabacoa (aunque no siempre vivió allí), de ahí su recreación literaria y musical. Pero el dato le viene desde la cuna.

Las otras tres danzas de Lecuona nos llegaron por otro gran investigador y pianista, Huberal Herrera. Gracias a él, Ulises realiza sus versiones partiendo de la grabación original y aportándole su toque personalísimo. Sígalo atentamente en Como baila el muñeco.

Este archivo cronológico repasa huella a huella los pasos de Carlos Borbolla, su estancia en París, su regreso a Manzanillo, su labor como constructor de órganos. Quizás esta pasión le permitió acercar una vez más los sen timientos entre lo bailable y lo que se debía hacer sonar en las salas de concierto con los aires de identidad nacional.

Ulises Hernández ha tomado muy en serio su carrera como profesor de piano, pero a él siempre le ha gustado aportar algo más. Este es un disco que, de ponerse al gran público, puede lograr una excelente acogida. De ahí la inminente necesidad de difusión.

Pienso en Montuno son-montuno, donde sin dudas podrás hallar nexos autorales entre la Berceuse campesina de Caturla y este rico montuno de Carlos Borbolla, quien utiliza una
introducción del impresionismo francés y le propone luego un tumbao caturliano para lograr un cierre bien festivo con el track 24.

En El manisero, de Moisés Simons, utiliza una versión a dos pianos realizada por Borbolla, como incentivo para nutrir a sus alumnos con obras conocidas y trae como invitado a Ernán López-Nussa, quien prefiere modulaciones armónicas dentro del concepto de la música tradicional. Tocan el tema a cuatro manos. Ernán hace un solo con el apoyo de Luis Bárbaro en el bongó, bien creativo y con buen gusto, logrando un paralelo entre la tradición jazzística cubana y la americana.

«... la pianística es la esencia de una gran idea orquestal. El principio siempre sale del piano, basado en una técnica sólida de composición que al final lo propicia todo. La orquestación tiene sus trucos y caminos establecidos, pero también sale de estos aportes pianísticos, del cual otros próceres como Esteban Salas y Amadeo Roldán están en la avanzada de este movimiento...», -apunta el saxofonista / pianista Orlando Sánchez luego de escuchar este álbum durante varios días.

DanSoneo es un testimonio de la pasión de Ulises Hernández por la música y los sacrificios que ella implica. Estas veinticuatro piezas le llevaron años de estudios antes de alcanzar el fin.

Con una buena presentación en las notas introductorias a cargo del compositor y radiodifusor Juan Piñera, acerca del intérprete y los autores, vamos descubriendo en perfecto tejido los vínculos entre los tres compositores deseados, de los que quizás sea Carlos Borbolla el que haya estado más distante, en su natal Manzanillo, hasta llegar a La Habana en 1950.

DanSoneo se significa por su lírica de constante belleza. Posee un destino discográfico, a la postre didáctico, si llega a manos de estudiantes y profesores, en el que el conocimiento cotidiano e histórico de los autores seleccionados sea capaz de romper a cada momento la lisura de lo cotidiano. DanSoneo especifica las rutas de la globalización hacia el rescate de las más dignas tradiciones pianísticas cubanas, salva del anonimato a Borbolla y, sin prejuicios, lo pone a la altura que le corresponde, a la vez que reinventa y actualiza las formas clásicas de la danza y el son, en una perfecta metáfora para este joven comienzo del Siglo XXI.

DanSoneo podrá jugar un papel decisivo en la memoria pianística cubana si trae consigo una edición literaria de las piezas. Transformemos la moda en arte, con la útil elevación de tres semblanzas, que son, afortunadamente, perdurables.

Por Toni Basanta



     

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