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  Yumurí y sus hermanos
BISMUSIC
Por Neris González Bello

El panorama musical de la década de los 90 en Cuba estuvo signado por una amplia proliferación de agrupaciones que accedieron, por vías disímiles, a la práctica creativa e interpretativa de lo popular bailable. Un nuevo redimensionamiento de los conceptos de orquestación fue tomando un cuerpo definido en la denominada timba, que se caracterizó, en primera instancia, por una evidente agresividad no solo sonora, sino además en las letras y en lo bailable, que permeó y marcó lo medular de las composiciones en el ámbito referido. Es precisamente en este contexto que surge la orquesta Yumurí y sus Hermanos, bajo el liderazgo e iniciativa de Moisés Valle. Yumurí -nombre artístico con el que es conocido internacionalmente- había fungido hasta ese momento como cantante de El Charangón de Elio Revé, con quien aprendió las claves del manejo de los tumbaos del piano, el bajo, la percusión y los estribillos, siempre en función no solo de las expectativas del público, sino también de la cadencia requerida por el bailador, y al que le debe el seudónimo con el que fuera bautizado desde entonces.

La necesidad de desarrollar sus tantas inquietudes musicales y de explotar al máximo sus cualidades como cantante solista, director, compositor y productor, lo llevaron a crear su propio proyecto, el 1º de septiembre de 1992 -inicialmente conformado por cuatro hermanos-, el que muy pronto logró proyectar un sello propio de interpretación dentro del panorama bailable del momento. Entre tanta agresividad sonora que saturaba en aquel entonces el mercado nacional, su propuesta vino a ser un oasis donde bailar con más mesura e igual sabor, a partir de una línea particular de creación diferente de la del resto de sus congéneres, ya no tan cercana de lo que fue luego la timba, y que más bien se proponía rescatar las mejores tradiciones sonero-salseras, a tono con el estilo individual del canto del joven director, sin desdeñar elementos de la contemporaneidad.

Su nuevo fonograma, Bilongo, del sello discográfico Bis Music, es la continuación de un trabajo que había tenido sus primeros logros en discos anteriores, entre los que se encuentran Cocodrilo de agua salá y Olvídame– si puedes. En ellos confluyen la más profunda herencia de los sones y guarachas del patio y la huella de la salsa internacional, que devino fruto del legado de Arsenio Rodríguez, Lilí Martínez, Benny Moré, Chappottín, o la Sonora Matancera, retomada más tarde por Oscar D’León de una manera muy original.

La grabación que realizara junto a Willie Rosario en 1999, del tema La bomba, compuesto por Yumurí, para los discos La fórmula original y 40 aniversario, respectivamente, en versiones más cercanas al concepto salsero, constituye una de las muestras más evidentes de la aceptación y trascendencia que ha tenido la música de Moisés Valle más allá de nuestras fronteras, fue quizás lo que determinó su decisión de hacer un nuevo CD, esta vez con la fuerza de la salsa brava del Caribe, pero con el sello de cubanía y la cadencia sonera que hasta el momento lo ha caracterizado. De este modo, Bilongo deviene en una suerte de eslabón intermedio que concreta o sintetiza las más claras influencias de los grandes de la música cubana y universal antes mencionados, así como en la toma a ratos de ciertos elementos orquestales más contemporáneos, que denotan una clara presencia de gérmenes timberos.

Sin duda alguna, la heterogeneidad genérica es uno de los mayores atractivos de esta reciente producción discográfica: dialogan en ella piezas que se adscriben a los preceptos de la salsa internacional y otras sonero-salseras; algunas más tendientes a la timba y otras que responden a ciertos tipos de son y bolero-son. Se incluye también una bachata, así como un tipo de combinación genérica que vincula cierto estilo de merengue con la salsa, como sucede en la pieza No sé por qué me echó bilongo, donde los rasgos definitorios de uno u otro estilo son claramente identificables a través de la estructura. Pero en tan diverso repertorio es siempre evidente el interés de cantarle al amor, a la relación de pareja y a la mujer, como componente esencial dentro de ella.

Quizás uno de los mayores aciertos de Yumurí ha sido la disposición de incluir en el disco obras de los más disímiles creadores, que le otorgan una mayor riqueza y dinamismo. Así, junto al protagonismo de Moisés Valle en este amplio diapasón autoral, quien se erige como el principal compositor de las obras recogidas en este fonograma -Que me pidan regalao, No quiero mentiras, Le tiro a la buena y Acaramelao-, tuvo un papel significativo también Osnel Odit Bavastro, a cuya pluma se deben las piezas Anoche lloré, Sin condiciones y Celo (Razones para amar). Igualmente, se incluyen otros temas como He perdido contigo, de Luis A. Cárdenas, Un pedacito, de Sabino Peñalver, Contigo, de Sergio Lago y No sé por qué me echó bilongo, de Cándido Fabré, en una especie de versión de La negra Tomasa.

En búsqueda de una sonoridad más cercana a la salsa internacional, incorpora al formato habitual de su orquesta –conformado en la cuerda de metales por dos trompetas y dos saxofones (alto y tenor)- una trompeta más, un saxo barítono y dos trombones -número este que se incrementa hasta tres para la interpretación del tema He perdido contigo-, todo lo cual viene a ser una suerte de remembranza del sonido de las jazz band de Benny Moré.

El tratamiento de la sección percusiva, el piano y el bajo, establece interesantes combinaciones entre estructuras rítmico-acentuales fijas y reiteradas de la salsa y otras más contra-acentuadas, propias del estilo timbero. El modo en que están concebidos los coros-estribillos, las fragmentaciones del bajo, así como la exacerbada polirritmia entre los distintos instrumentos en algunas de las piezas, denotan la adquisición de un concepto orquestal más contemporáneo, de lo que constituyen un buen ejemplo Acaramelao, No quiero mentiras y Le tiro a la buena.

La sonoridad del disco se refuerza por la presencia de varios músicos invitados; así, resulta novedosa la asunción del cuatro oriental, ejecutado por Kiki Valera (de la familia santiaguera Valera Miranda), en la versión de He perdido contigo, que junto a la interpretación del tres por Pancho Amat en la pieza Un pedacito -grabada en 1976 por Miguelito Cuní junto al Conjunto Chappottín-, así como a la incorporación de violines y la flauta -esta última por Orlando Valle Maraca, hermano de Yumurí-, al estilo charanguero, en el tema No sé por qué me echó bilongo, representan la más clara herencia de la tradición musical popular cubana.

Moisés Valle es un cantante de clara estirpe sonera, de gran habilidad improvisatoria que, sin negar sus múltiples influencias, marca un estilo definido, en el que resalta el afán de establecer una eficaz comunicación con el bailador a partir de comentarios, frases e intervenciones habladas que en mucho recuerdan a Oscar D’León. Se destaca en este sentido el empleo de la expresión «¡a guarachar!», con la que Yumurí ha hecho su carta de presentación.

Su orquesta representa una nueva generación que busca imponerse a partir de su propio talento, así como el rescate y revitalización de una tradición musical y la herencia de una cultura auténtica. La incorporación de nuevos arreglistas como el celebrado Joaquín Betancourt, Dayron Oney, Osuán Ponciano, nuevamente Maraca y por primera vez el propio Yumurí, quien además se estrena como productor general y musical, dieron como resultado este disco de excelente factura que ahora sus seguidores pueden disfrutar. Bilongo no es más que el empeño de Moisés Valle y su tropa de hacer bailar al público, que amén de una loable e inteligente apropiación de elementos foráneos, se propone cantarle a Cuba y al mundo con un genuino sentimiento sonero.

 
   

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