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Cubadisco 2003
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CUBADISCO


 


 
     
  Ilustre Caballero
Por Jorge Petinaud

Tal vez la aviación perdió a un buen piloto en Adalberto Álvarez. Pero la cultura cubana ganó un excelente músico.

Rosa Zayas, la madre que lo trajo al mundo en La Habana el 22 de noviembre de 1948 y que muy pequeño lo convirtió en camagüeyano, fue sabia en su profecía: -Tu camino es la música.

Lo había visto adelantarse en el gatear y el caminar para crecer siguiendo los pasos de Nené Álvarez -el padre, director de Avance Juvenil, uno de los conjuntos más populares de Camagüey, hoy al frente de los Soneros de Camacho- y muchas veces, cuando tuvo que llevarlo a los ensayos del coro profesional de la ciudad, con el que llegó a cantar, pudo apreciar las virtudes auditivas del niño que soñaba con ser aviador.

Y tanto insistió el muchacho, que en 1962 llegó a La Habana, enrolado en el Instituto Técnico de Aeronáutica, de Ciudad Libertad.

Por suerte para los bailadores, las matemáticas hicieron que el adolescente entrara en razón y regresara a la llanura camagüeyana. Estaba a tiempo de matricular en un conservatorio y de integrarse al conjunto del padre, agrupación para la que compuso, cantó, tocó varios instrumentos y a la que llegó a dirigir en 1973, después de regresar graduado de la academia.

Eran los años 60, y entre las utopías que le nacían a los cubanos estaba el Sistema Nacional de Enseñanza Artística, que buscaba el talento en «cualquier oscuro rincón» donde estuviera. Un día llegó a Camagüey la profesora Alicia Perea, directora de la Escuela Nacional de Arte (ENA) -a la sazón el más alto nivel de formación musical del país-, y después de las correspondientes pruebas de aptitud lo captó. Para poder ingresar tuvo que matricular como alumno de fagot, instrumento que brilla por su ausencia en los formatos clásicos bailables cubanos.

En la ENA de entonces no había espacio para la música popular. Se aspiraba a formar virtuosos instrumentistas de la talla de los mejores músicos sinfónicos europeos. Seguir la senda del Benny, de la Aragón, de Arsenio Rodríguez, del violinista Brindis Barbón o del pianista Lilí Martínez, solo era posible al margen del horario académico y muchas veces en condiciones de semiclandestinidad.

Pero el «venao tira pal monte», y en 1966 Adalberto y otros becarios armaron clandestinamente una orquesta típica muy rara que entre otros instrumentos incluía dos fagots, dos flautas, dos oboes, tres violines, viola y cello. Eran adolescentes que allí compartían ideas y sueños el prematuramente fallecido Emiliano Salvador, José Luis Cortés, Joaquín Betancourt y otros, casi todos hoy reconocidas personalidades de la cultura nacional, quienes entonces interpretaban sobre todo las composiciones de Adalberto Álvarez y de José Luis Cortés. Pronto conquistaron el derecho de amenizar las fiestas estudiantiles.

Joseíto González, entonces director del conjunto Rumbavana -el más popular de aquellos momentos junto a las orquestas Aragón y los nacientes Van Van-, escuchó un día de 1970 una de aquellas creaciones de Adalberto -Con un besito, mi amor- y se la pidió para grabarla. De esa forma nació una relación profesional que dio a conocer en la radio, como autor con éxitos de gran resonancia nacional e internacional -el Son de Adalberto fue el más famoso de todos-, al joven estudiante camagüeyano, y propició que Joseíto lo enseñara a orquestar para conjuntos, en especial el trabajo de las trompetas.

De manera que cuando Adalberto Álvarez regresa graduado a Camagüey en 1973 e inicia su vida profesional como profesor de literatura musical, lo cual simultanea con la dirección de Avance Juvenil, no solo es portador de sólidos conocimientos teóricos y de la tradición sonera heredada de su padre.Además del fagot a cuestas, en su cabeza llevaba las inquietudes estéticas que seguramente le proporcionó la interacción recíproca en la mencionada orquesta de la ENA con talentosos jóvenes oriundos de otras regiones del archipiélago cubano, verdaderos creadores orgánicos.

Por sus vínculos con Joseíto González, José Luis Cortés y otros músicos, durante su estancia en La Habana, Adalberto debió ser testigo de revolucionarios acontecimientos musicales, que pocos años después le permitirían ser el protagonista principal de uno de los saltos cualitativos de la música bailable cubana contemporánea.

Los años 70 fueron decisivos en la actualización y renovación de la música popular cubana. Juan Formell, con sus Van Van, dio la primera clarinada en diciembre de 1969, cuando introdujo nuevos elementos tímbricos, armónicos, rítmicos y vocales en el formato de charanga.

En otra vertiente, es imprescindible recordar al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, bajo el magisterio de Leo Brouwer y con el talento concentrado de importantes instrumentistas, además de trascendentes autores sintetizados en los nombres de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

Chucho Valdés y el noneto Irakere, por su parte, oxigenaron tan innovadoramente a la jazz-band, que su impronta llega hasta nuestros días.

Y fue aquel joven que quiso ser aviador y concluyó estudiando fagot en la ENA, quien retomó en 1978 -con Son 14- los mejores aportes de Arsenio Rodríguez al formato conocido como conjunto y lo enriqueció creativamente, con lo cual preservó el sabor bailable y la belleza melódica de «lo viejo», rejuvenecido por el sonido contemporáneo.

No todo fue como en los cuentos de hadas. Cuando su hijo regresó de la ENA, Nené Alvarez puso en sus manos el Avance Juvenil, pero por diversas circunstancias, el Camagüey de entonces no era propicio para estar actualizado en la música popular bailable.

De manera que cuando lo encontró en Camagüey Rodolfo Vaillant, destacado compositor y en aquellos momentos director de Música del Instituto Cubano de Radio y Televisión en Santiago de Cuba, y le habló de la idea de formar una agrupación en esa provincia con músicos santiagueros y camagüeyanos, no lo pensó mucho y partió hacia allá con varios de sus compañeros.

Así nació en 1978 Son 14, cuyas interpretaciones se convirtieron rápidamente en éxitos -particularmente las cantadas por Eduardo «Tiburón Morales» como vocalista líder en una exigente tesitura, y con el acompañamiento de un «primo de coro» que registraba una voz segunda de refuerzo, como en los tiempos de Arsenio, pero ahora respaldados por una sección de metales que añadía dos trombones, los cuales Adalberto, como orquestador, independizaba o empastaba con las trompetas para lograr mayor riqueza expresiva sin desvirtuar el concepto primigenio.
El nuevo sonido cautivó a los viejos bailadores, quienes ya lamentaban la ausencia del emblemático Raúl Planas, de Rumbavana, y habían visto pasar a un segundo plano a las legendarias Estrellas de Félix Chapottín, al Casino y al Conjunto de Roberto Faz con la sensible disminución de los bailables populares y sin la necesaria actualización tecnológica de los sistemas de audio y de los estudiosde grabación.

El estelar programa de televisión Para Bailar acercó nuevamente a millones de jóvenes a los bailes tradicionales cubanos, y la inmensa mayoría encontró el «anillo de su dedo» en el primer larga duración de Son 14 producido por la EGREM de Santiago de Cuba, A Bayamo en coche, en cuya grabación fue decisiva la presencia como productor de un músico cubano integral, recién egresado del conservatorio Tchaikovski, de Moscú, con una amplia información internacional: Frank Fernández. «Con él aprendí a producir discos», afirma hoy agradecido Adalberto Álvarez.

El tema que originó el título de este álbum que ahora cumple 25 años, surgió al regreso de un viaje del recién formado grupo desde Camagüey a Santiago, cuando el ómnibus se rompió en Bayamo. Al lado de la estación de ómnibus había una terminal de coches, y cuando el entonces director de Son 14 vio el ambiente que allí existía se dijo: ¡qué lástima que no sea de noche para quedarme aquí a pasear en coche! La letra salió sola en el camino de Bayamo a Santiago.

Críticos y bailadores coincidieron en que Son l4 y su primer disco representaban una novedad dentro de la tradición sonera, y hoy son muchos los especialistas que reconocen a ese larga duración como una de las más renovadoras creaciones de la industria musical cubana en las últimas cinco décadas.

Fue tal el impacto de Son 14 en aquella época, que entre 1978 y 1983 ganó los máximos premios en los festivales Benny Moré, Nacional del Son y el de interpretación en el concurso Adolfo Guzmán. Una de sus obras fue la de mayor éxito en el telemaratón anual del programa Para Bailar, el cual hizo época, entre otras cosas, por propiciar un memorable mano a mano entre Irakere y Son 14, dos agrupaciones insignias de la música popular cubana.

Un hecho curioso e inusual hasta entonces en los medios musicales cubanos: A Bayamo en coche tuvo tal resonancia internacional, que Son 14 viajó directo de Santiago de Cuba a Caracas, sin pasar por La Habana, debido a la demanda que tenían en Venezuela. Allá era todo un suceso el tema de Adalberto Tal vez vuelvas a llamarme, cuyo estribillo fue coreado por miles de personas en el Poliedro de Caracas.

Fue precisamente en Venezuela donde un empresario, ante la forma popular -no populista- en que las obras de Adalberto reflejan la particularidad de la cubanía mediante crónicas de singular belleza textual y con una fisonomía rítmico-melódica asimilables universalmente, que lo bautizó con el sobrenombre de Caballero del Son.

Esa característica de abordar los temas con una visión universal en el texto y en la música, claramente apreciables, originaron desde entonces un gran interés por su obra en los más famosos intérpretes del mundo de la salsa, como Oscar de León, Eddy Palmieri, Roberto Roena, Willy Rosario, Papo Lucas con su Sonora Ponceña y otros menos conocidos entonces, pero que alcanzaron notoriedad mundial como Juan Luis Guerra y La 440 con un álbum donde incluían una versión de A Bayamo en coche.

De regreso a Cuba, con los ecos de tal éxito en Venezuela y con varios temas en las listas de preferencia de todas las emisoras radiales, sin que los capitalinos hubieran bailado en vivo con Son 14, el conjunto debutó en La Habana en el Salón Mambí de Tropicana, y fue tal el impacto que la policía tuvo que escoltarlos a la salida. En Radio Progreso el público rompió las puertas la primera vez que se presentaron en Alegrías de Sobremesa.

Tres exitosos discos grabó Adalberto con Son 14, y con ellos y reiteradas giras por diversos países de América Latina y de Europa, conquistó en breve tiempo gran reconocimiento internacional.

La clave de su éxito ha sido el respeto a la tradición, sin que haya dejado de innovar desde diversos puntos de vista. Sus permanentes referencias son Miguel Matamoros, Ignacio Piñeiro, Arsenio Rodríguez, Félix Chapottín, Benny Moré..., pero en una ininterrumpida dialéctica renovadora donde fluyen de manera natural ruptura y continuidad.

ADALBERTO Y SU SON

En l984, en momentos en que confluían los aires de tradición del son cubano con el nuevo estilo de interpretarlo por los llamados salseros, mediante su fusión con otros ritmos caribeños y adornado con orquestaciones de influencia jazzística, se produce un acontecimiento que sorprende y preocupa a los millones de admiradores de Adalberto Alvarez y Son 14: el Caballero del Son se separa y decide crear otra agrupación.

La incertidumbre duró hasta el 25 de febrero de ese año, cuando Adalberto y su Son debutan en Santiago de las Vegas, pueblo limítrofe entre Ciudad de La Habana y la provincia de La Habana, con una rica tradición cultural.

De inmediato bailadores y especialistas le dieron su aprobación al nuevo proyecto, en el que resaltaba el contrapunteo entre el piano y el tres de Pancho Amat, cuyos tumbaos la gente comenzó a bailar frenéticamente. Las privilegiadas voces de Héctor Anderson, Félix Baloy y Ciso Guanche eran una garantía del cuidado de Adalberto con el trabajo vocal. No había por qué preocuparse.

El primer disco de Adalberto y su Son contó como figura invitada con Omara Portuondo, para unos la Novia del Filin, para otros la Ella Fitzgerald del son y de la canción cubanos o la Diva del Buena Vista Social Club desde fecha más reciente; para todos, un prodigio que canta.

Después Adalberto siguió dando rienda suelta a su preferencia por reunirse en grabaciones con otros artistas; realizó registros con Celina González, con Frank Fernández, con Silvio Rodríguez y con Isáac Delgado (El Chévere de la Salsa y el Caballero del Son, compacto de particular trascendencia).

La presencia de esta agrupación mueve multitudes en giras nacionales e internacionales, en los llamados festivales salseros en diversos países, donde obtiene premios y coloca varios temas en las listas de éxitos internacionales, tanto en Iberoamérica como en Europa.

En 1991 Adalberto realiza otra innovación de especial impacto. Por esa fecha contaba como voz líder con Jorge Luis Rojas (Rojitas), ex-integrante del dúo de trova tradicional Evocación, quien ante la falta de promoción de aquel proyecto de excelente calidad decide abrirse paso en el campo de lo bailable.

La espiritualidad religiosa del cubano en aquellos momentos recién hallaba un espacio de comprensión y asimilación en la vida institucional, y Adalberto Álvarez concibió la obra Y qué tú quieres que te den, referida a los orishas que trajeron en su conciencia los esclavos yorubas que fueron subyugados y arrebata-dos violentamente de África.

Hablaba del tema con una perspectiva ética, mientras que musicalmente insertaba dentro del son un segmento de rap, forma de expresión que todavía no estaba de moda en nuestros medios de comunicación masiva ni contaba con el apoyo oficial que disfruta hoy.
El impacto fue tan grande, que tanto los orishas como las parlas raperas se pusieron de moda en la música popular cubana, lo cual originó una infinita cadena de imitadores, quienes no siempre han logrado vencer el abismo del éxito que solo otorga la autenticidad creativa.

Ser un auténtico creador en constante renovación es lo que ha permitido a Adalberto mantenerse -primero con Son 14 y después con Adalberto y su Son- dentro de la vanguardia de la música popular bailable cubana, en la que no ha cesado de proponer nuevos hallazgos sin agredir a sus receptores.

Tales son los casos de exitosas experiencias en distintas etapas con el sucu suco o con el toca toca, interesante fusión del son con otros aires caribeños, de muy buena acogida a mediados de los 90.

De esta forma, y sin perder la fidelidad a «su tumbao», Adalberto ya conquistó un espacio
de privilegio en la preferencia de los amantes de la mejor música cubana.

NUEVOS PROYECTOS DE UN HIJO ILUSTRE

En medio de ambiciosos proyectos arriba Adalberto Álvarez Zayas a sus 55 años de existencia, a los 30 de vida artística y a los 25 de la grabación de A Bayamo en coche.
Mientras da los toques finales al próximo compacto que graba para Bis Music, se refiere con entusiasmo a los esfuerzos que realiza para rescatar y generalizar el baile en parejas.

En particular –expresa- tiene mucha fe en Para bailar casino, obra que será el tema de un programa de televisión en el verano con la participación de orquestas y ruedas de casino en vivo, el tema incluye hasta las voces del que dirige los cambios de pasillos. Este proyecto televisivo es una idea conjunta de Adalberto y Víctor Torres.

El nuevo disco marca otro momento de renovación de Adalberto y su Son, con la
incorporación de jóvenes instrumentistas y nuevas voces.

Simultáneamente, el Caballero del Son preside el Comité Organizador del Primer Encuentro Internacional de Ruedas de Casino, que tendrá lugar en la Plaza XIV Festival, de Matanzas, y en Varadero, entre el 8 y el 11 de agosto, con la participación de bailadores de todos los continentes.

El Instituto Cubano de la Música, Havanatur y la Corporación CIMEX patrocinan este evento, el cual llega a tiempo de evitar que en otras latitudes se capitalice antes que en Cuba este estilo danzario-coreográfico surgido por generación espontánea a finales de los años 40 entre los bailadores que frecuentaban el entonces Casino Deportivo y otras «sociedades de blancos», cuando, además de la división de clases, en Cuba imperaba la división racial. Hoy ese estilo de baile se conoce en todo el mundo.
Otro momento de especial significación para Adalberto en este año será el homenaje especial que le tributarán el 20 de Octubre, Día de la Cultura Cubana, en la Fiesta de la Cubanía.

Esa noche, excepcionalmente, su conjunto tendrá el honor de actuar en la Plaza del Himno de Bayamo, y los cocheros le rendirán honores a propósito del aniversario 25 de A Bayamo en coche.

Adalberto Alvarez confiesa sentirse muy feliz porque el primer homenaje por su onomástico 55 y por sus 30 años de vida artística se lo ofrecieron en Camagüey, que lo reconoció como Hijo Ilustre de la provincia. Ya ostentaba esa condición en la ciudad capital de ese territorio.

En esta ocasión le fue dedicada una gala en la Plaza de los Trabajadores ante más de 15 mil personas y recibió el agasajo de otros músicos del territorio donde inició en 1973 su vida profesional, así como de las máximas autoridades provinciales.

Otros homenajes recibirá durante 2003 en el hotel Pasacaballos, de Cienfuegos, en las ciudades de Ciego de Ávila y Sancti Spíritus, y muy especialmente durante CUBADISCO 2003, feria en la que obtuvo premio el pasado año con el álbum Suena Cubano.

 
   
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