Ilustre
Caballero
Por Jorge Petinaud
Tal vez la aviación perdió a un buen piloto en Adalberto
Álvarez. Pero la cultura cubana ganó un excelente
músico.
Rosa Zayas, la madre que lo trajo al mundo en La Habana el 22 de
noviembre de 1948 y que muy pequeño lo convirtió en
camagüeyano, fue sabia en su profecía: -Tu camino es
la música.
Lo había visto adelantarse en el gatear y el caminar para
crecer siguiendo los pasos de Nené Álvarez -el padre,
director de Avance Juvenil, uno de los conjuntos más populares
de Camagüey, hoy al frente de los Soneros de Camacho- y muchas
veces, cuando tuvo que llevarlo a los ensayos del coro profesional
de la ciudad, con el que llegó a cantar, pudo apreciar las
virtudes auditivas del niño que soñaba con ser aviador.
Y tanto insistió el muchacho, que en 1962 llegó a
La Habana, enrolado en el Instituto Técnico de Aeronáutica,
de Ciudad Libertad.
Por suerte para los bailadores, las matemáticas hicieron
que el adolescente entrara en razón y regresara a la llanura
camagüeyana. Estaba a tiempo de matricular en un conservatorio
y de integrarse al conjunto del padre, agrupación para la
que compuso, cantó, tocó varios instrumentos y a la
que llegó a dirigir en 1973, después de regresar graduado
de la academia.
Eran los años 60, y entre las utopías que le nacían
a los cubanos estaba el Sistema Nacional de Enseñanza Artística,
que buscaba el talento en «cualquier oscuro rincón»
donde estuviera. Un día llegó a Camagüey la profesora
Alicia Perea, directora de la Escuela Nacional de Arte (ENA) -a
la sazón el más alto nivel de formación musical
del país-, y después de las correspondientes pruebas
de aptitud lo captó. Para poder ingresar tuvo que matricular
como alumno de fagot, instrumento que brilla por su ausencia en
los formatos clásicos bailables cubanos.
En la ENA de entonces no había espacio para la música
popular. Se aspiraba a formar virtuosos instrumentistas de la talla
de los mejores músicos sinfónicos europeos. Seguir
la senda del Benny, de la Aragón, de Arsenio Rodríguez,
del violinista Brindis Barbón o del pianista Lilí
Martínez, solo era posible al margen del horario académico
y muchas veces en condiciones de semiclandestinidad.
Pero el «venao tira pal monte», y en 1966 Adalberto
y otros becarios armaron clandestinamente una orquesta típica
muy rara que entre otros instrumentos incluía dos fagots,
dos flautas, dos oboes, tres violines, viola y cello. Eran adolescentes
que allí compartían ideas y sueños el prematuramente
fallecido Emiliano Salvador, José Luis Cortés, Joaquín
Betancourt y otros, casi todos hoy reconocidas personalidades de
la cultura nacional, quienes entonces interpretaban sobre todo las
composiciones de Adalberto Álvarez y de José Luis
Cortés. Pronto conquistaron el derecho de amenizar las fiestas
estudiantiles.
Joseíto González, entonces director del conjunto
Rumbavana -el más popular de aquellos momentos junto a las
orquestas Aragón y los nacientes Van Van-, escuchó
un día de 1970 una de aquellas creaciones de Adalberto -Con
un besito, mi amor- y se la pidió para grabarla. De esa forma
nació una relación profesional que dio a conocer en
la radio, como autor con éxitos de gran resonancia nacional
e internacional -el Son de Adalberto fue el más famoso de
todos-, al joven estudiante camagüeyano, y propició
que Joseíto lo enseñara a orquestar para conjuntos,
en especial el trabajo de las trompetas.
De manera que cuando Adalberto Álvarez regresa graduado
a Camagüey en 1973 e inicia su vida profesional como profesor
de literatura musical, lo cual simultanea con la dirección
de Avance Juvenil, no solo es portador de sólidos conocimientos
teóricos y de la tradición sonera heredada de su padre.Además
del fagot a cuestas, en su cabeza llevaba las inquietudes estéticas
que seguramente le proporcionó la interacción recíproca
en la mencionada orquesta de la ENA con talentosos jóvenes
oriundos de otras regiones del archipiélago cubano, verdaderos
creadores orgánicos.
Por sus vínculos con Joseíto González, José
Luis Cortés y otros músicos, durante su estancia en
La Habana, Adalberto debió ser testigo de revolucionarios
acontecimientos musicales, que pocos años después
le permitirían ser el protagonista principal de uno de los
saltos cualitativos de la música bailable cubana contemporánea.
Los años 70 fueron decisivos en la actualización
y renovación de la música popular cubana. Juan Formell,
con sus Van Van, dio la primera clarinada en diciembre de 1969,
cuando introdujo nuevos elementos tímbricos, armónicos,
rítmicos y vocales en el formato de charanga.
En otra vertiente, es imprescindible recordar al Grupo de Experimentación
Sonora del ICAIC, bajo el magisterio de Leo Brouwer y con el talento
concentrado de importantes instrumentistas, además de trascendentes
autores sintetizados en los nombres de Silvio Rodríguez y
Pablo Milanés.
Chucho Valdés y el noneto Irakere, por su parte, oxigenaron
tan innovadoramente a la jazz-band, que su impronta llega hasta
nuestros días.
Y fue aquel joven que quiso ser aviador y concluyó estudiando
fagot en la ENA, quien retomó en 1978 -con Son 14- los mejores
aportes de Arsenio Rodríguez al formato conocido como conjunto
y lo enriqueció creativamente, con lo cual preservó
el sabor bailable y la belleza melódica de «lo viejo»,
rejuvenecido por el sonido contemporáneo.
No todo fue como en los cuentos de hadas. Cuando su hijo regresó
de la ENA, Nené Alvarez puso en sus manos el Avance Juvenil,
pero por diversas circunstancias, el Camagüey de entonces no
era propicio para estar actualizado en la música popular
bailable.
De manera que cuando lo encontró en Camagüey Rodolfo
Vaillant, destacado compositor y en aquellos momentos director de
Música del Instituto Cubano de Radio y Televisión
en Santiago de Cuba, y le habló de la idea de formar una
agrupación en esa provincia con músicos santiagueros
y camagüeyanos, no lo pensó mucho y partió hacia
allá con varios de sus compañeros.
Así nació en 1978 Son 14, cuyas interpretaciones
se convirtieron rápidamente en éxitos -particularmente
las cantadas por Eduardo «Tiburón Morales» como
vocalista líder en una exigente tesitura, y con el acompañamiento
de un «primo de coro» que registraba una voz segunda
de refuerzo, como en los tiempos de Arsenio, pero ahora respaldados
por una sección de metales que añadía dos trombones,
los cuales Adalberto, como orquestador, independizaba o empastaba
con las trompetas para lograr mayor riqueza expresiva sin desvirtuar
el concepto primigenio.
El nuevo sonido cautivó a los viejos bailadores, quienes
ya lamentaban la ausencia del emblemático Raúl Planas,
de Rumbavana, y habían visto pasar a un segundo plano a las
legendarias Estrellas de Félix Chapottín, al Casino
y al Conjunto de Roberto Faz con la sensible disminución
de los bailables populares y sin la necesaria actualización
tecnológica de los sistemas de audio y de los estudiosde
grabación.
El estelar programa de televisión Para Bailar acercó
nuevamente a millones de jóvenes a los bailes tradicionales
cubanos, y la inmensa mayoría encontró el «anillo
de su dedo» en el primer larga duración de Son 14 producido
por la EGREM de Santiago de Cuba, A Bayamo en coche, en cuya grabación
fue decisiva la presencia como productor de un músico cubano
integral, recién egresado del conservatorio Tchaikovski,
de Moscú, con una amplia información internacional:
Frank Fernández. «Con él aprendí a producir
discos», afirma hoy agradecido Adalberto Álvarez.
El tema que originó el título de este álbum
que ahora cumple 25 años, surgió al regreso de un
viaje del recién formado grupo desde Camagüey a Santiago,
cuando el ómnibus se rompió en Bayamo. Al lado de
la estación de ómnibus había una terminal de
coches, y cuando el entonces director de Son 14 vio el ambiente
que allí existía se dijo: ¡qué lástima
que no sea de noche para quedarme aquí a pasear en coche!
La letra salió sola en el camino de Bayamo a Santiago.
Críticos y bailadores coincidieron en que Son l4 y su primer
disco representaban una novedad dentro de la tradición sonera,
y hoy son muchos los especialistas que reconocen a ese larga duración
como una de las más renovadoras creaciones de la industria
musical cubana en las últimas cinco décadas.
Fue tal el impacto de Son 14 en aquella época, que entre
1978 y 1983 ganó los máximos premios en los festivales
Benny Moré, Nacional del Son y el de interpretación
en el concurso Adolfo Guzmán. Una de sus obras fue la de
mayor éxito en el telemaratón anual del programa Para
Bailar, el cual hizo época, entre otras cosas, por propiciar
un memorable mano a mano entre Irakere y Son 14, dos agrupaciones
insignias de la música popular cubana.
Un hecho curioso e inusual hasta entonces en los medios musicales
cubanos: A Bayamo en coche tuvo tal resonancia internacional, que
Son 14 viajó directo de Santiago de Cuba a Caracas, sin pasar
por La Habana, debido a la demanda que tenían en Venezuela.
Allá era todo un suceso el tema de Adalberto Tal vez vuelvas
a llamarme, cuyo estribillo fue coreado por miles de personas en
el Poliedro de Caracas.
Fue precisamente en Venezuela donde un empresario, ante la forma
popular -no populista- en que las obras de Adalberto reflejan la
particularidad de la cubanía mediante crónicas de
singular belleza textual y con una fisonomía rítmico-melódica
asimilables universalmente, que lo bautizó con el sobrenombre
de Caballero del Son.
Esa característica de abordar los temas con una visión
universal en el texto y en la música, claramente apreciables,
originaron desde entonces un gran interés por su obra en
los más famosos intérpretes del mundo de la salsa,
como Oscar de León, Eddy Palmieri, Roberto Roena, Willy Rosario,
Papo Lucas con su Sonora Ponceña y otros menos conocidos
entonces, pero que alcanzaron notoriedad mundial como Juan Luis
Guerra y La 440 con un álbum donde incluían una versión
de A Bayamo en coche.
De regreso a Cuba, con los ecos de tal éxito en Venezuela
y con varios temas en las listas de preferencia de todas las emisoras
radiales, sin que los capitalinos hubieran bailado en vivo con Son
14, el conjunto debutó en La Habana en el Salón Mambí
de Tropicana, y fue tal el impacto que la policía tuvo que
escoltarlos a la salida. En Radio Progreso el público rompió
las puertas la primera vez que se presentaron en Alegrías
de Sobremesa.
Tres exitosos discos grabó Adalberto con Son 14, y con ellos
y reiteradas giras por diversos países de América
Latina y de Europa, conquistó en breve tiempo gran reconocimiento
internacional.
La clave de su éxito ha sido el respeto a la tradición,
sin que haya dejado de innovar desde diversos puntos de vista. Sus
permanentes referencias son Miguel Matamoros, Ignacio Piñeiro,
Arsenio Rodríguez, Félix Chapottín, Benny Moré...,
pero en una ininterrumpida dialéctica renovadora donde fluyen
de manera natural ruptura y continuidad.
ADALBERTO Y SU SON
En l984, en momentos en que confluían los aires de tradición
del son cubano con el nuevo estilo de interpretarlo por los llamados
salseros, mediante su fusión con otros ritmos caribeños
y adornado con orquestaciones de influencia jazzística, se
produce un acontecimiento que sorprende y preocupa a los millones
de admiradores de Adalberto Alvarez y Son 14: el Caballero del Son
se separa y decide crear otra agrupación.
La incertidumbre duró hasta el 25 de febrero de ese año,
cuando Adalberto y su Son debutan en Santiago de las Vegas, pueblo
limítrofe entre Ciudad de La Habana y la provincia de La
Habana, con una rica tradición cultural.
De inmediato bailadores y especialistas le dieron su aprobación
al nuevo proyecto, en el que resaltaba el contrapunteo entre el
piano y el tres de Pancho Amat, cuyos tumbaos la gente comenzó
a bailar frenéticamente. Las privilegiadas voces de Héctor
Anderson, Félix Baloy y Ciso Guanche eran una garantía
del cuidado de Adalberto con el trabajo vocal. No había por
qué preocuparse.
El primer disco de Adalberto y su Son contó como figura
invitada con Omara Portuondo, para unos la Novia del Filin, para
otros la Ella Fitzgerald del son y de la canción cubanos
o la Diva del Buena Vista Social Club desde fecha más reciente;
para todos, un prodigio que canta.
Después Adalberto siguió dando rienda suelta a su
preferencia por reunirse en grabaciones con otros artistas; realizó
registros con Celina González, con Frank Fernández,
con Silvio Rodríguez y con Isáac Delgado (El Chévere
de la Salsa y el Caballero del Son, compacto de particular trascendencia).
La presencia de esta agrupación mueve multitudes en giras
nacionales e internacionales, en los llamados festivales salseros
en diversos países, donde obtiene premios y coloca varios
temas en las listas de éxitos internacionales, tanto en Iberoamérica
como en Europa.
En 1991 Adalberto realiza otra innovación de especial impacto.
Por esa fecha contaba como voz líder con Jorge Luis Rojas
(Rojitas), ex-integrante del dúo de trova tradicional Evocación,
quien ante la falta de promoción de aquel proyecto de excelente
calidad decide abrirse paso en el campo de lo bailable.
La espiritualidad religiosa del cubano en aquellos momentos recién
hallaba un espacio de comprensión y asimilación en
la vida institucional, y Adalberto Álvarez concibió
la obra Y qué tú quieres que te den, referida a los
orishas que trajeron en su conciencia los esclavos yorubas que fueron
subyugados y arrebata-dos violentamente de África.
Hablaba del tema con una perspectiva ética, mientras que
musicalmente insertaba dentro del son un segmento de rap, forma
de expresión que todavía no estaba de moda en nuestros
medios de comunicación masiva ni contaba con el apoyo oficial
que disfruta hoy.
El impacto fue tan grande, que tanto los orishas como las parlas
raperas se pusieron de moda en la música popular cubana,
lo cual originó una infinita cadena de imitadores, quienes
no siempre han logrado vencer el abismo del éxito que solo
otorga la autenticidad creativa.
Ser un auténtico creador en constante renovación
es lo que ha permitido a Adalberto mantenerse -primero con Son 14
y después con Adalberto y su Son- dentro de la vanguardia
de la música popular bailable cubana, en la que no ha cesado
de proponer nuevos hallazgos sin agredir a sus receptores.
Tales son los casos de exitosas experiencias en distintas etapas
con el sucu suco o con el toca toca, interesante fusión del
son con otros aires caribeños, de muy buena acogida a mediados
de los 90.
De esta forma, y sin perder la fidelidad a «su tumbao»,
Adalberto ya conquistó un espacio
de privilegio en la preferencia de los amantes de la mejor música
cubana.
NUEVOS PROYECTOS DE UN HIJO ILUSTRE
En medio de ambiciosos proyectos arriba Adalberto Álvarez
Zayas a sus 55 años de existencia, a los 30 de vida artística
y a los 25 de la grabación de A Bayamo en coche.
Mientras da los toques finales al próximo compacto que graba
para Bis Music, se refiere con entusiasmo a los esfuerzos que realiza
para rescatar y generalizar el baile en parejas.
En particular –expresa- tiene mucha fe en Para bailar casino,
obra que será el tema de un programa de televisión
en el verano con la participación de orquestas y ruedas de
casino en vivo, el tema incluye hasta las voces del que dirige los
cambios de pasillos. Este proyecto televisivo es una idea conjunta
de Adalberto y Víctor Torres.
El nuevo disco marca otro momento de renovación de Adalberto
y su Son, con la
incorporación de jóvenes instrumentistas y nuevas
voces.
Simultáneamente, el Caballero del Son preside el Comité
Organizador del Primer Encuentro Internacional de Ruedas de Casino,
que tendrá lugar en la Plaza XIV Festival, de Matanzas, y
en Varadero, entre el 8 y el 11 de agosto, con la participación
de bailadores de todos los continentes.
El Instituto Cubano de la Música, Havanatur y la Corporación
CIMEX patrocinan este evento, el cual llega a tiempo de evitar que
en otras latitudes se capitalice antes que en Cuba este estilo danzario-coreográfico
surgido por generación espontánea a finales de los
años 40 entre los bailadores que frecuentaban el entonces
Casino Deportivo y otras «sociedades de blancos», cuando,
además de la división de clases, en Cuba imperaba
la división racial. Hoy ese estilo de baile se conoce en
todo el mundo.
Otro momento de especial significación para Adalberto en
este año será el homenaje especial que le tributarán
el 20 de Octubre, Día de la Cultura Cubana, en la Fiesta
de la Cubanía.
Esa noche, excepcionalmente, su conjunto tendrá el honor
de actuar en la Plaza del Himno de Bayamo, y los cocheros le rendirán
honores a propósito del aniversario 25 de A Bayamo en coche.
Adalberto Alvarez confiesa sentirse muy feliz porque el primer
homenaje por su onomástico 55 y por sus 30 años de
vida artística se lo ofrecieron en Camagüey, que lo
reconoció como Hijo Ilustre de la provincia. Ya ostentaba
esa condición en la ciudad capital de ese territorio.
En esta ocasión le fue dedicada una gala en la Plaza de
los Trabajadores ante más de 15 mil personas y recibió
el agasajo de otros músicos del territorio donde inició
en 1973 su vida profesional, así como de las máximas
autoridades provinciales.
Otros homenajes recibirá durante 2003 en el hotel Pasacaballos,
de Cienfuegos, en las ciudades de Ciego de Ávila y Sancti
Spíritus, y muy especialmente durante CUBADISCO 2003, feria
en la que obtuvo premio el pasado año con el álbum
Suena Cubano.
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