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MEXICO EN CUBADISCO'2002
Divas del rock mexicano
Por Pedro de la Hoz
Entre la flor y el fuego
Al mercado sin concesiones
Entre
la flor y el fuego
El
día que descubrí a Ely Guerra no
supe a ciencia cierta dónde ubicarla, si entre el fuego o la flor.
Definida en el ámbito rock, con más precisión en
el llamado rock alternativo, esta mexicana sorprende cada vez que quien
la escucha cree que va a seguir un rumbo previsible. Porque lo cierto
es que desde los lugares comunes de la estética rockera, ella se
empina para decir verdades, que juegan tanto con los textos como con la
misma esencia de la música.
Ello se me hizo mucho más evidente en temas que puso en circulación
en fecha relativamente reciente, como Tengo frío, No quiero
hablar y Los milagros. Pero, en propiedad, esos temas vienen a coronar
una década de intensa búsqueda de una voz propia en el rock
latino.
Ely comenzó a dar guerra en 1992, cuando salió al ruedo
con el primer álbum, titulado únicamente con su nombre.
Se le notaba talento, pero le sobraba inocencia. Se le veían enormes
posibilidades, pero debía fraguar su propio estilo.
Entonces, con esa manía tan perniciosa como la de tramar semejanzas
a toda costa, algunos críticos de su país la inclinaron
del bando de Joni Mitchell y P.J. Harvey, solo porque alguna vez Ely dijo
que eran artistas de su preferencia.
También pudo haber sabido que en su memoria estaba la historia
reciente y singular del rock argentino y mucho del tropicalismo brasileño,
a lo Elis Regina y María Bethania.
Con el segundo disco, se despejaron algunas dudas. En Pa morirse
de amor (1997), la propuesta fue mucho más sólida. También
con un mayor fogueo en los escenarios y una visión mucho más
completa del hecho musical como producto íntegro.
De ahí que tanto ese disco como el siguiente, Loto fire,
le valieran una mayor atención de la crítica, no solo en
México, sino en Estados Unidos y España, donde se la ha
visto, más allá de lo que pudiera parecer un juego de palabras,
como una alternativa en el rock.
Ella es la que suele decir que prefiere componer lo que quiero cantar,
no por satisfacer su ego, sino para compartir el espíritu
con la gente.
Su presencia en este Cubadisco 2002 se debe a su interés humano
y profesional por estar cerca de la música cubana y a una acción
promocional de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).
Al mercado sin concesiones
Habrá
que escucharla para confirmar la certeza que ofrecen sus composiciones:
honestidad, autenticidad. Habrá que verla sonreír para eliminar
esa imagen melancólica que proporciona su profunda mirada. Habría
que conocerla para desaparecer ese halo de timidez que envuelve su menuda
figura. Habría que escucharla para confirmar la certeza que ofrecen
sus composiciones: honestidad, autenticidad.
Julieta Venegas es cálida, entrañable,
culta, sensible y con un sentido del humor siempre a disposición.
Cercana más a las ambiciones de una auténtica artista que
a los clichés de un rockero propiamente dicho. Julieta Venegas
camina a contracorriente de la industria musical; con inteligencia está
en el juego del sistema del mercado, aunque sin conceder terreno que comprometa
sus búsquedas.
Con estas palabras nos presenta el colega mexicano José Garza a
Julieta Venegas, una bajacaliforniana nacida en 1970 en Tijuana y que
representa una de las figuras más singulares del rock latino en
la actualidad.
Multinstrumentista, es de los muy pocos artistas que ha incorporado el
acordeón al formato rockero, y ello es parte de una personalidad
que no gusta caminar por sendas trilladas.
El caso de Julieta Venegas es el de una cantautora la mayoría
de los temas incluidos en sus discos son de su cosecha que se nutre
de vivencias emocionales e intelectuales a la vez para comunicarse con
el público. Y también refleja las tensiones generadas de
esa situación particular que es vivir en la frontera con el vecino
del norte (de hecho Julieta estudió en San Diego, ciudad norteamericana
que debió seguir siendo mexicana, y graba en Los Ángeles).
Su primer álbum, Aquí (1997) le valió el título
Revelación del Año en los Premios
Nuestro Rock. El público joven se dio cuenta de que algo
distinto le sucedía al escuchar temas como De mis pasos
y Como sé.
La salida después de Bueninvento en el que contó
con la colaboración del guitarrista Joe Gore (favorito de Tom Waits)
y Joey Waronke (notable en registros de Beck y REM) dejó
a las claras que su perfil único en el panorama rockero no era
fruto de la improvisación, sino de un hallazgo estético
arduamente cimentado.
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