GRANDES DE LA
MUSICA CUBANA
Compay
Segundo. Una forma de ser.
Por Bladimir Zamora
Las
razones por las cuales Francisco Repilado nuestro entrañable
Compay Segundo sea hoy uno de los artistas cubanos más
conocidos en el mundo, hay que buscarlas en la interacción entre
este hombre y varias de las más importantes vertientes de la
música cubana a lo largo de casi todo el Siglo XX.
Cuando nació en el poblado rural de Siboney allá por 1907,
entre los suyos no había ningún antecedente de aficionados
al toque o al canto y, sin embargo, cuando en 1916 la familia se traslada
para Santiago de Cuba, Repilado no tardó mucho en demostrar que
la música era su vocación esencial. Aprovechó con
fruición las clases elementales de solfeo y de clarinete, pero
su gran universidad fue el ambiente de trovadores y soneros que sonaban
por doquier en aquella ciudad. Ligado a pioneros de los ritmos populares
cubanos, aprendió a tocar la guitarra y el tres. Y aprovechando
cualidades de estos dos instrumentos, creó uno nuevo al que llamó
armónico. Aquí aparece la primera singularidad,
de las que luego va a tipificar su sentido particular en el ambiente
musical cubano.
Desde su integración al sexteto infantil Los Seis Ases,
hasta hoy, ha llovido mucho y ha crecido Compay como un formidable árbol
en la cultura popular cubana, aunque algunas de las etapas de su trabajo
se perdieran de nuestra vista entre el resto del copioso bosque de la
música de la Isla.
A La Habana llegó Compay en 1929 como miembro de la Banda Municipal
de Santiago, tocando el clarinete. Vuelve en 1934 en la nómina
de los Cuban Star de Ñico Saquito y cuando estos regresan
a la tierra caliente, él decide quedarse en la capital. A partir
de este momento se suceden importantes hechos artísticos en la
vida de Repilado, que dan fe de su talento artístico. Integra
la Banda Municipal de La Habana, dirigida por el maestro Roig, entra
en el Cuarteto Cubanacán, dirigido por Evelio Machín,
y con él visita a México en 1938.
A su regreso integra también como clarinetista el Conjunto Matamoros,
bajo la dirección del autor de Mamá, son de la loma,
donde se mantuvieron por doce años. Sin abandonar esta agrupación,
funda en 1942 el Dúo Los Compadres, junto a Lorenzo Hierrezuelo
y manteniéndose unidos hasta 1955. Este es sin dudas el período
de consagración de Francisco Repilado. Con treinta y cinco años
atesora una serie de factores que de manera muy destacada se pueden
poner en juego. Entre ellos está el uso del armónico,
que se acopla de forma brillante con la guitarra acompañante
de Hierrezuelo. También la explotación de su voz de segundo,
que sin dudas es de las más connotadas entre cuantas han existido
en Cuba. A esto se suma el repertorio usado por Los Compadres,
sobre la base de composiciones de Repilado, de Lorenzo y muchas firmadas
por los dos. En ellas se atesora un enorme caudal del habla del campesino
cubano, y también la picaresca propia de las imaginativas gentes
de las zonas rurales orientales. Con frecuencia, durante estos años,
graban para el sello Panart y suenan en las emisoras radiales.
Al cesar su trabajo con Hierrezuelo, Repilado se llevó para siempre
su nombre de lucha dentro de la música cubana: Compay Segundo.
Entre 1955 y 1993, aunque nunca se separa de su instrumento y canta
aunque sea solo para su propio deleite, se produce un período
más o menos de tinieblas para el importante sonero. Sin embargo,
crea el grupo Compay Segundo y sus Muchachos y trabaja con él
con intermitencia. Es invitado a trabajar con el Cuarteto Patria en
la década del ochenta y viaja a los Estados Unidos.
La década del noventa es sin dudas el momento del justo resurgir
para Compay. Se encuentra trabajando en La Habana en donde se lo permiten
las circunstancias y su cuarteto es elegido para participar, en el verano
de 1994, en el Primer Encuentro del Son y el Flamenco en los pueblos
sevillanos. Fue en un pueblo de Andalucía donde comenzó
a escucharse cada vez más alto Chan Chan, el son emblemático
de Repilado. En los estudios Cinearte, de Madrid, a finales de 1995,
el roquero español Santiago Auserón le produjo un álbum
doble con su repertorio indispensable, sacado al mercado por la Warner
Music. En 1996 es elegido por Ry Cooder para participar en el disco
Buena Vista Social Club. A partir de entonces Compay anda de país
en país, dándole la vuelta a la Tierra, brindando su acento
inconfundible, que tiene los ingredientes de la mayor de Las Antillas.
Con su proverbial energía y una gracia germinada en los montes
cubanos, hace lo posible por complacer las peticiones de quienes en
el planeta quieren untarse con su sabrosura, pero regresa a Cuba en
cuanto puede; porque es aquí donde más le gusta echar
su música al viento, y fumarse un tabaco de nuestras vegas y
tomarse un buchito de ron para calentarse la garganta. Compay Segundo
es ya una de las formas de ser de la Isla.